Mostrando entradas con la etiqueta el Mañana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta el Mañana. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de mayo de 2016

Poco a poco lo estoy visualizando

Consiste en la destrucción de todo
Los grandes descubrimientos no son producto de una mente brillante,
en realidad son producto de un consentimiento mutuo.
Cuando la gente no está preparado para el viaje no importa
cuántas puertas les pongamos, no pasarán el umbral porque no verán puerta alguna.


En la novela Luces y Espectros, como ya mencioné, hay sitio para las injusticias que no serán resueltas. Pero no por ello tiene que acabar mal la novela. No tiene porqué considerarse que hay algo suelto, o malo. Contemplar la posibilidad de hacer un último viaje y fracasar, no ser capaces de ser escuchados, es algo que habrá que asumir.

Se trata de la última inversión antes de abandonarlo todo. El viaje del hermitaño le lleva por un camino donde el día a día podría convertirse en una tortura continua. De ahí la justificación de los acontecimientos, de cómo acabe todo ¿Qué hacer cuando no haya evidencias de que haya UNA sola persona a la que le interese los resultados más increibles que se han vivido en este planeta? Entonces, ¿cómo compartir lo que hasta ahora no se haya dicho porque éso sí traía dificultades?


La soledad es una sensación que genera el cuerpo para convertir al individuo en un hermitaño. Todos los animales necesitan sentir soledad para que se puedan convertir en nómadas o, como explico en la novela, en hebreos. Sin embargo, ¿es posible emprender viajes para volver? ¿Acaso eso forma parte del plan? Sólo se puede volver cuando hayas terminado de ir, pero el hermitaño no es alguien que ha llegado a ningún destino, es alguien que buscó una utopía que, con su muerte, pudo culminar. Se trata de un trayecto a medio camino de algo, a la espera de encontrar, por lo menos, un pupilo. Lo cual es muy difícil de ver, cada vez más.

Hay que ver las cosas con frialdad, ¿acaso no estáis tratando ya con un hermitaño? ¿Acaso no emprendí el camino hace tiempo y me quedé atorado en el punto de partida? Las ideas pueden tener mucha difusión, pero los Principios pesan porque te sostienen: si los abandonas prostituyes tu tiempo para fomentar la mezquindad en los demás. Abandonar los Principios es algo que sólo hacen los pedantes que gustan de reirse de cómo su entorno acaba destruido. Pero, por otro lado, el hermitaño que busca influenciar, ¿acaso no contamina con sus intentos a los que podrían tener una vida mucho más simple sin su presencia? Se hace evidente, y racionalmente todo apunta a una única dirección.

La pena ilusionante es el último viaje.

"Hay quien se preocupa de cosas lejanas mientras nuestros vecinos y hermanos son olvidados",
al final a nadie le importará el Sahara.
El ayuntamiento de Cartagena, que no hace falta decir que también ha ignorado estas problemáticas, tiene una política sobre el tipo de plataformas que pretende impulsar. Pan y circo. 


Se gastan millones en organizar eventos deportivos, en patrocinarlos. Lo cual está bien pero, por muy poquito, lo que es mucho menos, podría multiplicar la inversión en cien, mil veces..., o incluso más. Luego podría pensar uno, ¿por qué no introducirse entre toda esa gente y conformar una pequeña sociedad? Lo vengo sospechando, he olvidado eso de relacionarse.

Entonces, ¿qué pasará con esas cosas que están por ver? ¿Si se hicieran públicas serían leídas siquiera? ¿Sabrían ser aprovechadas? ¿O sería más alimento de los mezquinos con ganas de apropiarse de tales trabajos?

De todos los personajes de la novela, el que tiene el destino más incierto es el del científico que fue ignorado por tener razón. Que acabó destruido y sucumbiendo a la mezquindad de un mundo ruín. Le di la oportunidad para que los más viles tuvieran un momento para ser escuchados y aclamados. Los que más odiamos con un pasado odioso que no le queremos a nadie: el lado oscuro de nosotros desvelado debido a alguna cruel causa.


Creo que va siendo hora de que vaya abandonando el pretender redactar artículos en idiomas no agradecidos. Cuando no hay intención de leer nada...











domingo, 4 de octubre de 2015

Meritocracia y el género ecci

Hace dos noches soñé de manera que al despertar recibí un mensaje: 
"Te podrás sentir orgulloso de tu tecnología, pero no de tu proyecto"
Era un mensaje premonitorio, triste..., 
un miedo visceral a que no pueda sacar provecho de lo que creo.

La vida es un azar, y eso no está bien.
Las personas se amontonan y creen que todos los males del mundo se resuelven mediante el buen uso de la razón. Yo digo: ¡ilusos! La razón se abandonó en el siglo XVIII, se descubrió que el mundo era cada vez más y más complejo, donde una única persona era incapaz de abarcar todos los conocimientos y, ni mucho menos, pensar que incluso los temas de los que era experto podrían tener un formato de carácter absoluto.

En mi jerga informática he podido crear un unificador que permite a una máquina saber si un agente tiene la intención de traicionar a otro agente. Hay cosas que muchos colegas míos creen que no es posible de hacer, cuando en realidad lo que pasa es que desconocen cómo se hace. El uso de la palabra imposible debe quedar relegado a lo que se pueda demostrar matemáticamente; y matemáticamente lo que realmente es imposible es racionalizarlo todo: por el Teorema de la Incompletitud de Gödel.


En la novela la tecnología cobra vida propia y, con ella, los límites de la lógica y el uso de la razón. No hay que esperar que la máquina sea capaz de resolver los asuntos que les son conferidos a las personas: el poder para interpretar leyes y para decidir qué leyes deben ser cumplidas es algo exclusivo del ser humano sensible al mundo social al que pertenece.

Por esa razón, ¿cómo sería una sociedad donde tengan que convivir criaturas cuya naturaleza es completamente contraria? Si el ser humano es aún incapaz de organizarse por sí mismo entre sus semejantes y actuar más allá de lo que le dicte la razón entonces, ¿cómo podría afrontar un mundo donde los conflictos caen por todas partes? 

La ley en Arabia Saudita, actual protectora y experta en Derechos Humanos
Hay quienes creen que el discurso racional es la respuesta a los problemas. Todavía quieren tenerlo todo bajo control. Son adanistas, no reconocen la importancia del colectivo. No reconocen el poder de las decisiones que vengan de abajo, de los distintos expertos. La decisión democrática, que no es racional: es una vivencia experta. Una decisión política que no debe ser controlada por ningún dictador.


La introspección es uno de los temas que trato en la novela: ¿cómo sería una máquina que es capaz de reconstruir su propio código? ¿Cómo podría el programador controlar el funcionamiento de la máquina? La respuesta es evidente: no podría, porque la máquina adquiriría o el sometimiento absoluto a los designios de los usuarios o la completa independencia. Pero en la medida en la que encontráramos términos medios, veríamos también cómo la estructura se vería imposibilitada de sopesar sobre todos los conceptos en general. Se trata casi prácticamente de un todo o nada.

De ahí viene la necesidad de dirigirse a la sociedad para tratarla, no para configurarla ni para someterla, sino para hacerle pedagogía. Los japoneses se dieron cuenta y crearon el género ecci: que es una convención de símbolos que se utiliza en el manga para que los jóvenes japoneses de instituto se sientan inspirados para reconocer los méritos, para ser humildes, para soñar..., mi novela también incluye tales símbolos y varias referencias a Japón.


Esos símbolos están ocultos, y hay que buscarlos; pero nuestro entendimiento es el primero en asumirlo. Lo primero que se hace es crear unos símbolos atractores (chicas con enormes tetas) y los combinan con valores (chicas con enorme carácter). Jugando a mostrar y ocultar consiguen emprender una lucha contra el caos y el carácter antisocial. Antes de escribir un guión discuten acaloradamente sobre los valores que defenderá la obra, a quién está dirigida y, por tanto, cuáles serán los símbolos atractores. Si no existe conflicto, entonces no existe una manera de enganchar al usuario. Lo explícito no resuelve nada, y no nos prepara para nada, esa es la Ley.

Por eso, cuando analizamos los distintos tipos de conocimientos que existen (humanidades, ciencias sociales, ciencias experimentales y las exactas) nos damos cuenta de que cuanta mayor veracidad tenemos de algo menor aplicabilidad tiene en el mundo en el que vivimos. Esa no es la clase de respuesta que esperaba Gödel con su resultado.

Sólo creías en los platos de comida de tu esposa y, al faltar un tiempo, mueres de hambre.
No me fío del economista que sigue usando las viejas fórmulas tipo hablando se entiende la gente. El diálogo es para adanistas, figuras quijotescas, chovinistas que mantendrán los esquemas..., el lenguaje está limitado por el propio modelo donde se aplica. En cuanto los de humanidades modifiquen el modelo, a la larga, la gente pensará diferente y seguirá creyendo que es porque hablando se entiende la gente ¡Qué gran y Hermosa Mentira! Así pensaba uno de los protagonistas de mi obra..., pero no espero que se entienda que la ética trasciende a las palabras; que los colectivos son movidos por los ídolos que mueven la moda, y los ídolos que perduran son los que se acoplan a la estética que quieren los individuos: a sus valores. Los ídolos que se pierden son los más atractores..., pero necesitamos crear una confrontación entre ellos para que se queden en la retina de las personas. Como una partida de ajedrez entre buenos y malos, donde al final, porque tiene que haber un final, debe prevalecer lo auténtico.

Entiendo que la razón sólo sirve para poner en evidencia, no para solucionar.
Lo cual sólo será malo en la medida de que no se acepte su uso.
Las personas creen que lo auténtico es la partida de ajedrez. Se quedan con lo falso: el trabajo del artista. Pero en realidad es movida por ellos. Creen que es imposible, creen que no hay poder en los medios. Pero la realidad es que existe una correlación a la larga: una correlación retroalimentada mediante una lógica introspectiva. Y, como ya he dicho antes: la lógica introspectiva genera un ente que o es todo o es nada controlador. 

Arcontes, egrégores, memes, hoaxes, modas,..., yo lo llamo partidas de ajedrez. Pero también se ve reflejado en las deidades que vigilan la puerta del paraíso en el capítulo correspondiente. Anubis no permitirá que pase por esa puerta algún loco que pueda destruirlo todo: porque sabe que los que aparecen en los medios dependen de la audiencia, pero la audiencia también depende de los ídolos. Se reconstruyen y se retroalimentan, quien intenta racionalizarlo pierde la partida. El uso de la lógica se reserva para el portero, implacable no aceptará lo políticamente incorrecto.

Un catálogo que contenga todos los catálogossólo puede tener una referencia, no su contenido.
Pero también hay una diosa que hace compañía a Anubis, esta es Bastet. La diosa gata es la protectora de la creación, la única que puede doblegar a Anubis para intentar otra cosa..., para ser creativos.

La que nos va a sacar de ésta no es una simple gatita, es una visionaria. En mi libro hay muchas visionarias: mujeres que son determinantes para romper con la norma establecida. Sin las visionarias el problema se repetirá una y otra vez, con toda su lógica..., y entonces no habría vida.

Es a ésta a quien hay que hacerle la pelota, 
esta es la que propone los apocalipsis, los cambios.
Tan importante es la figura de la gata que, efectivamente, también aparece en el las animaciones japonesas. Tiene su propia versión, para aprovechar la figura en cuestión: ¿cómo son las gatas? ¿Acaso no son cariñosas y con ganas de jugar? ¿No son melosas?

Esto es cualquier cosa menos algo racional.
En cualquier caso, la versión pet de Bastet no aparece en mi novela, pues la quise poner un tanto más siniestra..., y además aparece justo al final, donde está todo el pescado vendido..., huy, perdón, espero que no se haya molestado..., bueno, hay confianza, al fin y al cabo aquí yo soy el jefe.

El asunto es que, cuando una sociedad acaba en crisis, nos lo dice la lógica: si ésta no es capaz de salir por sí misma..., pues habrá catástrofes, líos y gaitas. Sin ir más lejos, la propia Bastet es mencionada en otros capítulos como una deidad conflictiva..., quizá por esa razón esos extraterrestres se volvieron tan machistas. En fin, esas cosas las dejo en el aire - que cada cual saque sus conclusiones de la lectura de mi obra.

Por supuesto, en el manga japonés también aparecen mucho los elfos..., y en mi obra no iba a ser menos: a esos los correspondo con los arcturianos: son criaturas mucho más apegadas a lo mágico, y bastante inestables en nuestro mundo.


Si estos símbolos no son valores entonces, ¿qué pretenden atraer?
Si alguien se está planteando que, entonces, ¿cuál es la conclusión? ¿Qué hay que hacer en sustitución del diálogo? ¿Rezar? ¿Encender velas negras? ¿Producir una película?

Mis conclusiones personales es que el diálogo sólo puede servir para tirar los ídolos falsos por la ventana. Emprender el camino del buen escéptico sin sucumbir al negacionismo, lo que llamo excepticismo. Quedarse con la posibilidad de una Historia del Error y, si fuera necesario, empezar de cero, pero sin sucumbir a la racionalidad como herramienta constructora. Hay que dejar para las siguientes generaciones los memes que estén menos corruptos posibles.

El lenguaje y la razón son mantenidos por puro instinto, y sólo el instinto es el que nos puede decir cuándo algo está fuera de lugar.




No olviden comentar. No quiero sentar dogmas.

lunes, 10 de agosto de 2015

Rumbo a la idiocracia



Con el fin de ir dándole vida a este blog, aunque lo que realmente me interesa son los comentarios (el feedback) lo mejor es que empiece a tocar temas. Una primera idea sería ir explicando los distintos aspectos que aparecen en mi libro, pero como son muchos y muy variados empezaré a tocar un tema muy manido: la sociedad del futuro.

Este libro es un libro futurista. Eso quiere decir que habla del futuro, pero de un futuro alternativo - como posible. Dentro de la imposibilidad de un mundo tan especial con magia, extraterrestres y divinidades, busco estudiar cómo mentes escépticas podrían convivir sus percepciones con el modelo racional al que están acostumbrados. Se trata de uno de los temas clave del libro. Esto es, si el mundo del mañana fuera un hervidero de posibilidades mitológicas, ¿cómo reaccionarían las mentes escépticas?

¿Cuál sería el comportamiento de la población y cómo repercutiría en las futuras generaciones?



Sin embargo me centraré más en la idea de las futuras generaciones: ¿qué es la idiocracia? Para entender esa teoría del futuro lo mejor es ver la película con el mismo nombre, protagonizada por el que hacía de médico en Lost. Una sociedad la llamaremos en idiocracia cuando sus individuos consiguen colocar en el poder a los más estúpidos, debido a su carácter representativo. Posiblemente el acierto de elegir a sus verdaderos representantes convierta a esa sociedad en una forma de democracia, por lo que la idiocracia es un vicio de una sociedad libre y plural. Ahora bien, ¿cómo se sucumbe a ese vicio y cómo se retroalimenta?



Antes de nada, mencionar que en mi libro hago uso del término simiocracia, que viene a ser una sociedad que se ha puesto en manos de gente que le inspira confianza, debido a su cercanía en simplicidad. La simiocracia es capaz de poner al poder a George W. Bush, porque nos inspira confianza a la hora de tomar una cerveza en un bar con él y, por tanto, le daríamos las llaves de nuestra casa y nuestro futuro por muy estúpido que parezca. Sin embargo, aunque la simiocracia se parece mucho a la idiocracia, la idiocracia exige un componente tecnológico o burocrático para que se consolide.

Partiendo de una sociedad, por así llamarla, de las luces, es posible que la tecnología permita que los individuos vayan dejándose para que las máquinas se ocupen de todo lo demás. Esto es, hablamos de la posibilidad de que las máquinas se preocupen de hacer los trabajos más complejos y, por tanto, un humano, gracias a una interfaz amigable, podría clasificar y etiquetar fácilmente cualquier problema cotidiano que surja en el día a día. Es decir, hablamos de una sociedad donde los técnicos, poco a poco, han conseguido crear artefactos más y más específicos hasta el punto de que, muy posiblemente, ellos mismos sólo sean capaces de crear exactamente esos artefactos y poco más.



Podemos entender ahora mejor la crítica que recibió Microsoft al lanzar el Windows 95, más allá de que funcionara mejor o peor el producto. Muchos informáticos estaban preocupados por si la sociedad tendiera a una idiotización ya que las actividades llevadas a cabo por el sistema operativo eran independientes a cómo se comporta por dentro. Esa especialización nos llevaría a lo que años después se llamaría la ofimática: que es la informática de oficina, nada que ver con la informática. Y el caso es, por muy curioso que parezca, que hoy día se sigue confundiendo ambos términos, lo cual es una pista de la idiotización a la que tendemos: pues se espera del informático el que sea un experto en resolver los problemas de interfaz, como el que no se abra una aplicación, etc.

Una sociedad itiotizada gobernada por idiotas sólo podría encontrar en su principal líder una suerte de idiota privilegiado. Alguien con un cierto atractivo, que hable como el pueblo y que tenga una cierta preocupación para hacer que todo funcione. Sin embargo, ese líder tendrá un defecto congénito: será, posiblemente, el mayor de todos los idiotas. Y, muy probablemente, sea un adanista o un amante de adanistas y cualquier otra clase de tecnócratas invidividualistas: algo así como héroes de pacotilla.










En mi libro aparece la palabra idiota para intentarla rescatar del romano: uso como ejemplo que sólo un idiota se agacharía a coger una moneda mientras huye de un león. El término idiota está pensado para las personas que no conciben el valor de lo público si no es para su beneficio personal. Hoy día, el término idiota se viene sustituyendo por el término corrupto. Se podía encontrar a políticos sustituir la palabra corrupto por la palabra pillo. Y la cuestión es muy simple: etimológicamente hablando no puede ser que un pillo y un idiota sean sinónimos, ahí hay una mentira de por medio.



Cuando leemos a eruditos, que se les daban de filósofos, como Hegel: éstos solían distinguir la inteligencia del hombre macho de lo que era la aspiración intelectualoide de la mujer. Si bien el hombre era inteligente, la mujer sólo podía aspirar a ser astuta, pilla..., esos matices son los que hacen comprender el verdadero significado de la palabra idiota: el idiota es el que no sabe cómo funciona el mundo, cuando ya está metido en él. Puede maquinar, puede simular inteligencia, pero todo son apariencias..., conjeturas absurdas. 

Es como el que nunca ha aprendido a conducir un coche y pretende conducirlo en carretera sólo porque cree que ha visto al suficiente número de personas conducir. Sólo puede hacer como que conduce, cuando no lo hace. Todo lo más, sería un peligro al volante si consigue arrancar el coche. Otro ejemplo de la idea de idiota es el que cree que está trabajando de camarero sólo porque hace como que trabaja de camarero: puede que el existencialismo sea una idiotez en sí misma. Pero no voy a desarrollar temas que no vengan al caso.

El asunto es que gracias a una burocracia que funcione y al éxito de los automatismos, la ausencia de materia gris en la sociedad puede convertirla en lo que algunos preferimos llamar Tecnocracia, término que también menciono fugazmente en mi libro. En la tecnocracia lo que te diga el experto no se cuestiona, y ya no es una democracia, sino es la aceptación de la autocracia del experto sobre la decisión del pueblo. Debemos entender que cuando al pueblo no le importe si los expertos son tales, eso es o porque creen que los expertos nunca se equivocan o porque anteponen el corporativismo por encima de cualquier tipo de denuncia social.







No es difícil entender qué es el corporativismo, aunque lo dejaré para otra entrada como ejemplo de algo que no se da en mi libro; ya que el corporativismo, más allá de la definición sustitutoria dada por Mussolini al fascismo, es la aplicación de la misericordia en el mundo laboral: proteger lo inútil que es un compañero para que después a uno mismo también le protejan.

Cuando tenemos ese caldo de cultivo, una sociedad idiocratizada consigue encontrarse con la horna de su zapato cada vez que hay alguna clase de siniestro no clasificado. Entonces, pasarán días, semanas, quién sabe si meses, antes de que los expertos intenten juntarse para resolver un conflicto real y tangible que no era percibido por los automatismos y la burocracia. Sea como fuere, una idiocracia auténtica permite cegar a los individuos para que no tengan motivos de denunciar lo que sería objeto de denuncia. Tan pronto se antepone el corporativismo, después ya no se hace necesario, la sociedad se ha idiotizado hasta el punto de que nadie traiciona con denuncias a nadie.



Por tanto, de lo que hablamos es de una sociedad que ha conseguido que la mayoría piense de forma única: uno son los diez mil. Que del chino significa que lo que piense un chino, lo piensan todos. Los díscolos desaparecen y la democracia consiste en obedecer sin cuestionar. De esa manera, en cuanto aparece un díscolo, la sociedad lo etiqueta como si él fuera un tonto o alguna clase de repipi redomado con ideas tecnicistas y llenas de utopías y extremismos absurdos.

Si nos damos cuenta, la idiocracia es un sistema que se puede mantener estable siempre que se consiga defender la bipolaridad. Lo vimos en la alemania nazi, eran ellos contra nosotros. No obstante hay que tener cuidado, porque es fácil de confundir estos términos con la lucha de clases de Marx y, de ahí, contaminar el comunismo. Esto es así como que tanto el comunismo como la Revolución Bolivariana poseen características sutilmente peculiares que los separan de la bipolaridad. Hay que partir de que el marxismo acabó sucumbiendo en una doctrina económica-social con carácter dogmático, pues la ciencia no puede ni demostrar ni refutar tales posturas. De ahí emergería el comunismo, que aceptaría la postura de la lucha de clases como eje central: conseguir redistribuir las riquezas entre los que trabajan para fomentar el trabajo y la solidaridad. En definitiva es una postura tan respetable como cualquier otra, no hay bipolaridad en ese enfoque. En cuanto a los líderes de la Revolución Bolivariana, no deberíamos sucumbir al lenguaje de sus opositores, el político que se enfrenta contra la corrupción no tiene porqué mezclarse ni negociar con según qué tipos pues convertiría su programa en una idiotez. De ahí la sutileza.

El detalle puede entenderse con la llegada de Stalin, que adopta un modelo comunista basado en la eliminación de los díscolos. Ahí sí podemos entender que hay una cierta intencionalidad de idiotizar a la gente. Como enemigos naturales del stalinismo aparecería otra aberración, que sería el fascismo: la prevalencia de las clases. Es decir, para luchar contra la bipolaridad se presenta otro enfoque bipolar. Entonces, mediante la propaganda y el engaño se valen para decirles a los pobres incautos: comunismo es Stalin y capitalismo es Mussolini. Tienes que elegir: o eres fascista o eres estalinista.







Stalin ya se preocupó de acallar a los troskistas que le intentaban arrebatar la oficialidad del comunismo, pero la realidad es que ya aparecerían países comunistas que ni eran marxistas - pretender asociar al comunismo los fracasos de un país concreto es cuanto menos pretencioso por ser tan generalizador.

Mi libro, en definitiva, intenta preveer la aparición de ese tipo de partidos que, en realidad, fomentan la bipolaridad. Como la razón por la que en su tiempo aparecería la ONU, hay que aprender de la historia para que no se repitan los errores como lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial. Y, para ello, en ocasiones hay que mezclar el agua con el aceite. Por ese motivo busco defender las utopías desde la posición de los díscolos, para quienes quieran leerlo como si fuera una distopía.

Por ejemplo, intento mezclar el comunismo con la monarquía. En un capítulo se acaba explicando el porqué aunque, como es lógico, no tiene porqué convencer los motivos cuando éstos se acuerdan, a falta de taquígrafos, entre Luces y Espectros.



Juegos y dinámicas



El libro está lleno de juegos con un contenido trascendente. Se plantean distintos tipos de dinámicas en las que pueden participar grupos con el objeto de divertirse y, por supuesto, adquirir algún grado de trascendencia en algún aspecto.

Para entender esto voy a plantear una dinámica que debería aplicarse en los colegios de primaria y secundaria.

Se divide la clase en grupos reducidos y se les distribuye a cada miembro unas hojas de papel. En esas hojas aparecen citas de filósofos, menos en una - que estará en blanco. Esto es, en cada grupo habrá uno al que le habrá tocado una hoja en blanco y sus compañeros deberán adivinar que él es el impostor. El objetivo que tiene el impostor es hacer creer que el impostor es otro. Para ello deberán valerse de la información de las hojas e iniciar debates usando las citas que ahí ponen. Sabiendo que las citas estarán cruzadas (cada cita es compartida por al menos dos miembros del grupo), aquel que lea mal la cita será pillado.

Llevar a cabo discusiones para descubrir quién finge tener el conocimiento puede resultar un buen adelanto a un aprendizaje trascendente.








El mundo está lleno de juegos y modelos. Fórmulas y estadísticas. Pero al final los que siempre lo pagan es la generación siguiente. Es el robo generacional, porque nos resulta más fácil hacer que las cosas se resuelvan para ahora a costa del Mañana. Sin embargo, si se invierte en el Mañana, veremos cómo nuestras microeconomías empeoran - pero existirá un Futuro, y eso es lo que importa.

El libro Luces y Espectros trata sobre una generación que intenta reinventar el Mañana que algunos de sus padres les habían robado, y por el otros habían luchado. Saber cuál es el bando correcto, o dilucidar algún bando claro, es un auténtico problema - lo que realmente importa es mirar hacia adelante y saber interpretar del pasado lo que nos interese.