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lunes, 3 de octubre de 2016

Nacida para opositar

En este blog me desahogo con
poesía, relatos, crítica literaria, besugadas..., y política
y parece que os tira más la política
pues hablemos de política


La actualidad política nos ha traído dos resultados bastante contrapuestos: uno en Colombia y otro en España. Los colombianos han rechazado doblegarse ante el chantaje terrorista. Los colombianos, con un margen muy pequeño, han decidido castigar la impunidad de los delitos cometidos por ese grupo mafioso tan mediático que ha conseguido un poder equiparable a la representatividad de un pueblo.

¿A cuántos habremos visto llamarse de izquierdas sólo por escandalizarse del político que negocia con una empresa? Claro, a eso se le llamará clientelismo. Entonces, ¿cómo es posible que rechazando el clientelismo se pueda aceptar la subvención a personas que no han sido previamente reinsertadas? ¿Cómo se puede permitir el lujo el sistema de darle promociones a gente que ejemplarmente debería ser castigada?

Aunque la victoria ha sido con muy poco margen, la lectura es positiva. Porque..., pensemos un poco: ¿cuál es el futuro de quien doblega las reglas del juego en virtud de la violencia de los tramposos? ¿Cómo serían los partidos de fútbol si los árbitros admitieran cambiar el resultado del encuentro en virtud del comportamiento de los fans? O también, si fuéramos a ser presidentes de un partido, ¿qué clase de partido lideraríamos si nuestros votantes nos asocian con los oportunismos, los pucherazos...?

La victoria más futil es la que destruye el lugar que pretendías invadir
Acaba de dimitir el líder del partido socialista en España. Al parecer la Junta, que muchos dudamos que represente realmente a los votantes del PSOE, decidió desautorizar al líder socialista. Resultado: una de las peores crisis a las que jamás podría haberse enfrentado ese partido. Ha valido más los intereses de formar gobierno que los intereses de los votantes. Gracias a esto las probabilidades a que se forme gobierno antes de la tercera vuelta ascienden por encima del 50%, esto es debido a que las probabilidades de necesitar una cuarta vuelta es de prácticamente un 10%, pues PP+Ciudadanos todo apunta a que alcanzarían mayoría absoluta.

Los verdaderos afectados conque no se forme gobierno no sólo son los propios españoles, sino sobretodo las empresas del IBEX, que necesitan renovar sus votos con la presión a ejercer hacia los partidos. Mientras el gobierno esté en funciones no podrán presionar con completa impunidad.

No es de extrañar que Felipe González, con todos los intereses económicos que tiene, quisiera acelerar el proceso mientras mostraba el doble rostro al que muchos ya nos hemos acostumbrado.

Sin embargo hay algo que no reflejan las encuestas: y sé que no me equivoco al respecto. Se trata de los motivos de esta entrada.

Igual que negociar con terroristas al final lo que provoca es que tu modelo de gobierno esté basado en los apadrinamientos, ¿qué clase de modelo de gobierno nos va a traer Susana Díaz tras recibir esa clase de apoyos? El PSOE con Susana Díaz nunca levantará cabeza.

Recordemos: Pedro Sánchez fue elegido por: su oposición al populismo. El resto de los candidatos no ofrecía ese perfil tan bien marcado. Pedro Sánchez usaba, dentro de su pragmática, el victimismo. Ideal contra un lenguaje basado en el odio.

Mi interpretación: Los militantes que se sintieron identificados con Pedro Sánchez lo hicieron porque era el que mejor se encaraba contra Pablo Iglesias. Es decir, algo parecido ocurrió con Ahora en Común, al apoyar a Garzón. Por tanto, suponer que va a haber sorpaso de votos del PSOE a Podemos..., eso es mucho creer. El PSOE, así como Podemos, son partidos esencialmente de derechas (desde que traicionaron a sus fundadores): por tanto es como el partido Republicano en EEUU, un cúmulo de tramas y puñaladas por la espalda. Y éstos son los que representarán a la izquierda en España...


A mi juicio, la refundación de la izquierda pasa por abstenerse de seguirle el juego a la derecha con sus cuatro partidos.






No lo dejéis así
quiero vuestros comentarios







martes, 19 de julio de 2016

Microrrelato. Los burócratas.

Voy a desconectar un poco 
para hablar de pactos,
política, representatividad, democracia...,
y otras utopías que, aun estando
al alcance, siempre se evitan.


De todos los recursos literarios existentes, el de la burocracia en un futuro, suele tener siempre rasgos muy bipolares. Esto es, si leemos "La máquina del tiempo", la burocracia desaparece al completo, para ser sustituida por una dictadura en las sombras. Pero si nos fijamos en la más extensa bibliografía, el mundo hippie del futuro no suele ser el predominante. Se especula, cuando tenemos una historia de galaxias, naves espaciales, rayos láser, etc..., que, de existir burócratas, no serían más que unos completos pesados que no serían capaces de aportar nada divertido a la historia y, ciertamente, si traemos a un caballero medieval a escuchar lo que se dice en un Tribunal de Justicia muy probablemente se ensarte contra muchos juristas bienhablados..., y la gente se apenaría.

Otra cosa sería si acabara en el Congreso..., donde la gente se complacería por dentro. Esto lo explicaré cuando desarrolle el arconte de la torre, llamándolo así, como recurso literario.

Microrrelato. Los burócratas

Es bien sabido, que en nuestra Confederación Galáctica los sectores necesitan representantes políticos. Para los amantes de lo militar, lo que hacen o dejan de hacer suele ser de poco interés y, estando en guerra continua, las brigadas son las que adoptan las verdaderas decisiones. Sin embargo, en haras de acuartelar las guerras lo máximo posible, siempre es necesario disponer de un representante de las leyes acordadas por todos los pueblos.

Dime cómo vistes y te diré a qué te dedicas
El último líder de una brigada del espacio es el burócrata. Al ser el último sus decisiones son inapelables, pero también es cierto que es la última persona a la que se le consulta. Hubo un tipo de cuyo nombre no me da la gana ni de acordarme al que llamaremos el Montesquieau de las Galaxias. El caso es que estableció una separación de poderes que han aceptado todas las Confederaciones, ya sean aliadas o no, de forma unánime e indiscutible.

Básicamente lo que viene a decir es que el puñetero burócrata será, simple y llanamente, un abogado...

Uno conduce y el otro dirige. Nunca a la inversa.
Básicamente lo que viene a decir es que el poder ejecutivo no tiene posicionamiento en una democracia salvo militarmente. Por tanto, en tiempos de paz, siempre debe ser apartadas las formas militares. En todos los sectores se descubrió que las civilizaciones desde 3.5 en adelante rechazaban de pleno cualquier comportamiento militar dentro del seno de una democracia: esto es lo que habilitó, por una cuestión de supervivencia, la unanimidad a las tesis de ese teórico.

Es por ello que, para pactar, cada nacimiento de partido fijará un programa grabado en láser con firma digital reconocida. El letrado deberá interpretar el programa observando el buenquehacer del resto de los letrados para examinar si son o no de confianza como para cumplir con las espectativas de cualquier pacto.

Mientras no estén marcados u obligados, podrán negociar según sus propias espectativas
En tiempos de paz, tener a un burócrata de aliado es el equivalente a disponer de un apadrinamiento institucional a nivel interplanetario..., el sueño de don Corleone llevado a extremos absurdos. Quizá por eso, algunos especulamos, los sectores siempre buscan una nueva forma de entrar en conflicto: para que no se apliquen las aburridas normas burocráticas.


Registro 4af645 :: 245.23.43.38: JMDR. Los burócratas.




jueves, 7 de julio de 2016

Cambio + Orgánica = Autoridad

Nada, que le estoy dando a estudiar pragmática
pero no encuentro (puede que Lakoff) lo que expresamente busco
igual que me pasaba con los tipos de falacias...
Así que voy a ser yo el que lo escriba.
Hoy voy a hablar de cómo ganar las elecciones.


Cambio Vs Orgánica
Pues sí señores, tengo ese tipo de ego o megalomanía que me obliga a pensar que no tenemos ningún partido político con un mínimo de nivel cultural en lo que se refiere a política. Sin embargo, algo dentro de mí me dice que si alguien es capaz de soportar mi lectura, bien podría merecerse mis consejos, a cambio de nada..., salvo el Triunfo.

En las pasadas elecciones en España sólo un partido político ha estado haciendo bien su trabajo: el único que realmente ha salido realmente vencedor, entre los cuatro primeros. Ahora se trata de analizar qué clase de país tenemos, y qué clase de inútiles dirigen las estrategias de cada partido.

Un ángel que con respeto enseña o un demonio que te enseña respeto
Un principio básico que mueve a la gente es el maniqueísmo: los conservadores gustan en pensar en angelitos que les satisfagan sus deseos más hedonistas, mientras luchan en su interior batallas de lo más cínicas que pretenden someter a lo políticamente correcto. Los diablillos, sin embargo, poseen un cerebro directamente diferente (no tengo el enlace por el momento), prefieren levantar el puño, exponer los problemas y vivir con la conciencia tranquila en su vida interior. Son dos maneras de estudiar la pragmática de tanto su lenguaje corporal como de los términos que usan.


Cuando los filósofos llegaron a los burdeles, aspiraban a confrontar las dos caras; parece que fue Platón el que enfocó esta filosofía del lenguaje (pragmatismo) desde el punto de vista de la lucha contra los sofismos (falacias). 

¿Cómo afrontar la depredación interior?
La República de Platón no es algo baladí, pero tiene la ventaja de exponer conceptos sencillos de comprender de caladura política. Al fin y al cabo, estamos hablando del uso de la filosofía para su repercusión ética en política. Es decir, hablamos de la filosofía del comportamiento de todos los entes como sociedad: de plantear qué es lo adecuado, en definitiva. De mirar cuál es el razonamiento (lenguaje) que debemos utilizar. Los de la escuela platónica al menos se podría decir que le daban ese enfoque, aunque debatieran entre ellos.


Al final la idea más increible es pensar que dos tipos de humanos (pues pensamos físicamente diferente), podamos convivir en un mismo país. Obviamente, el truco para ser elegido es demostrar a los dos modos de pensar que, sin prostituir tus Principios eres capaz de albergar los dos tipos de pragmática.

Ya lo hizo en su momento Aznar, creando la clase media, mientras robaba a todo el pueblo español o lo dividía a base de mentiras debido a la guerra de Iraq..., hemos visto líderes que sabían adoptar la palabra Cambio, como Felipe González, mientras depredaba con sus amiguetes la conformación de la estructura orgánica del país. Quien sabe ubicarse se gana las mayorías absolutas, sin trampas ni abstenciones.

Por eso, cuando aparecen los tópicos, no es el miedo lo que provoca que uno sea convincente, o el otro, no lo es tampoco las palabritas de los teóricos que ni los propios politólogos se han preocupado en estudiar qué significan realmente..., lo que importa es lo siguiente:


                                Progreso                                                Sistema

Anarquista: "Tiene más razón que un tonto, pero hay que ser tonto para darle el mando"
Comunista: "Todo eso empieza muy bonito, ¡pero al final todo son hambrunas!"
Liberal: "Pasan de todos porque les importa una mierda, pero saben montarse bien los saraos"
Dogmatista: "Dicen que somos los más guais, pero se van a pegar un hostión..."
Socialdemoscopista: "¡Pero qué coño son esa gente!"
Hacktivista: "No me fío de quien se esconde detrás de una máscara, pero saben lo que hacen"
Dictadura: "Es un infierno, pero al menos hay orden"

Para saber si un partido gobierna el discurso del progreso sólo hay que fijarse si el contenido de su discurso describe la realidad social que vivimos, sus problemas, y por tanto, si está en situación de hacer un correcto análisis de cuáles serían las soluciones.

Para saber si un partido gobierna el discurso del sistema sólo hay que fijarse si sabe cómo funcionan las instituciones públicas, si conoce las reglas burocráticas, si está ubicado de forma autónoma y no depende de terceras personas para organizarse, si aplica sus propias fórmulas...

Ubicarás el respeto a ti mismo donde edifiques tus Principios
Históricamente la izquierda se situó en el lado del progreso y la derecha en el lado del sistema, pero lo que realmente hace perder confianza en ambos lados es ningunear los Principios: cuando esto se produce la única razón por la cual se sigue en esa agrupación es por motivos de antiliderazgo, por lo que el sistema acaba tóxico y tiene los días contados.


El clásico del pragmatismo: cómo evitar perder la autoridad





Suficiente hasta aquí
no olviden poner comentarios
no dejen sentar ningún dogma



lunes, 10 de agosto de 2015

Rumbo a la idiocracia



Con el fin de ir dándole vida a este blog, aunque lo que realmente me interesa son los comentarios (el feedback) lo mejor es que empiece a tocar temas. Una primera idea sería ir explicando los distintos aspectos que aparecen en mi libro, pero como son muchos y muy variados empezaré a tocar un tema muy manido: la sociedad del futuro.

Este libro es un libro futurista. Eso quiere decir que habla del futuro, pero de un futuro alternativo - como posible. Dentro de la imposibilidad de un mundo tan especial con magia, extraterrestres y divinidades, busco estudiar cómo mentes escépticas podrían convivir sus percepciones con el modelo racional al que están acostumbrados. Se trata de uno de los temas clave del libro. Esto es, si el mundo del mañana fuera un hervidero de posibilidades mitológicas, ¿cómo reaccionarían las mentes escépticas?

¿Cuál sería el comportamiento de la población y cómo repercutiría en las futuras generaciones?



Sin embargo me centraré más en la idea de las futuras generaciones: ¿qué es la idiocracia? Para entender esa teoría del futuro lo mejor es ver la película con el mismo nombre, protagonizada por el que hacía de médico en Lost. Una sociedad la llamaremos en idiocracia cuando sus individuos consiguen colocar en el poder a los más estúpidos, debido a su carácter representativo. Posiblemente el acierto de elegir a sus verdaderos representantes convierta a esa sociedad en una forma de democracia, por lo que la idiocracia es un vicio de una sociedad libre y plural. Ahora bien, ¿cómo se sucumbe a ese vicio y cómo se retroalimenta?



Antes de nada, mencionar que en mi libro hago uso del término simiocracia, que viene a ser una sociedad que se ha puesto en manos de gente que le inspira confianza, debido a su cercanía en simplicidad. La simiocracia es capaz de poner al poder a George W. Bush, porque nos inspira confianza a la hora de tomar una cerveza en un bar con él y, por tanto, le daríamos las llaves de nuestra casa y nuestro futuro por muy estúpido que parezca. Sin embargo, aunque la simiocracia se parece mucho a la idiocracia, la idiocracia exige un componente tecnológico o burocrático para que se consolide.

Partiendo de una sociedad, por así llamarla, de las luces, es posible que la tecnología permita que los individuos vayan dejándose para que las máquinas se ocupen de todo lo demás. Esto es, hablamos de la posibilidad de que las máquinas se preocupen de hacer los trabajos más complejos y, por tanto, un humano, gracias a una interfaz amigable, podría clasificar y etiquetar fácilmente cualquier problema cotidiano que surja en el día a día. Es decir, hablamos de una sociedad donde los técnicos, poco a poco, han conseguido crear artefactos más y más específicos hasta el punto de que, muy posiblemente, ellos mismos sólo sean capaces de crear exactamente esos artefactos y poco más.



Podemos entender ahora mejor la crítica que recibió Microsoft al lanzar el Windows 95, más allá de que funcionara mejor o peor el producto. Muchos informáticos estaban preocupados por si la sociedad tendiera a una idiotización ya que las actividades llevadas a cabo por el sistema operativo eran independientes a cómo se comporta por dentro. Esa especialización nos llevaría a lo que años después se llamaría la ofimática: que es la informática de oficina, nada que ver con la informática. Y el caso es, por muy curioso que parezca, que hoy día se sigue confundiendo ambos términos, lo cual es una pista de la idiotización a la que tendemos: pues se espera del informático el que sea un experto en resolver los problemas de interfaz, como el que no se abra una aplicación, etc.

Una sociedad itiotizada gobernada por idiotas sólo podría encontrar en su principal líder una suerte de idiota privilegiado. Alguien con un cierto atractivo, que hable como el pueblo y que tenga una cierta preocupación para hacer que todo funcione. Sin embargo, ese líder tendrá un defecto congénito: será, posiblemente, el mayor de todos los idiotas. Y, muy probablemente, sea un adanista o un amante de adanistas y cualquier otra clase de tecnócratas invidividualistas: algo así como héroes de pacotilla.










En mi libro aparece la palabra idiota para intentarla rescatar del romano: uso como ejemplo que sólo un idiota se agacharía a coger una moneda mientras huye de un león. El término idiota está pensado para las personas que no conciben el valor de lo público si no es para su beneficio personal. Hoy día, el término idiota se viene sustituyendo por el término corrupto. Se podía encontrar a políticos sustituir la palabra corrupto por la palabra pillo. Y la cuestión es muy simple: etimológicamente hablando no puede ser que un pillo y un idiota sean sinónimos, ahí hay una mentira de por medio.



Cuando leemos a eruditos, que se les daban de filósofos, como Hegel: éstos solían distinguir la inteligencia del hombre macho de lo que era la aspiración intelectualoide de la mujer. Si bien el hombre era inteligente, la mujer sólo podía aspirar a ser astuta, pilla..., esos matices son los que hacen comprender el verdadero significado de la palabra idiota: el idiota es el que no sabe cómo funciona el mundo, cuando ya está metido en él. Puede maquinar, puede simular inteligencia, pero todo son apariencias..., conjeturas absurdas. 

Es como el que nunca ha aprendido a conducir un coche y pretende conducirlo en carretera sólo porque cree que ha visto al suficiente número de personas conducir. Sólo puede hacer como que conduce, cuando no lo hace. Todo lo más, sería un peligro al volante si consigue arrancar el coche. Otro ejemplo de la idea de idiota es el que cree que está trabajando de camarero sólo porque hace como que trabaja de camarero: puede que el existencialismo sea una idiotez en sí misma. Pero no voy a desarrollar temas que no vengan al caso.

El asunto es que gracias a una burocracia que funcione y al éxito de los automatismos, la ausencia de materia gris en la sociedad puede convertirla en lo que algunos preferimos llamar Tecnocracia, término que también menciono fugazmente en mi libro. En la tecnocracia lo que te diga el experto no se cuestiona, y ya no es una democracia, sino es la aceptación de la autocracia del experto sobre la decisión del pueblo. Debemos entender que cuando al pueblo no le importe si los expertos son tales, eso es o porque creen que los expertos nunca se equivocan o porque anteponen el corporativismo por encima de cualquier tipo de denuncia social.







No es difícil entender qué es el corporativismo, aunque lo dejaré para otra entrada como ejemplo de algo que no se da en mi libro; ya que el corporativismo, más allá de la definición sustitutoria dada por Mussolini al fascismo, es la aplicación de la misericordia en el mundo laboral: proteger lo inútil que es un compañero para que después a uno mismo también le protejan.

Cuando tenemos ese caldo de cultivo, una sociedad idiocratizada consigue encontrarse con la horna de su zapato cada vez que hay alguna clase de siniestro no clasificado. Entonces, pasarán días, semanas, quién sabe si meses, antes de que los expertos intenten juntarse para resolver un conflicto real y tangible que no era percibido por los automatismos y la burocracia. Sea como fuere, una idiocracia auténtica permite cegar a los individuos para que no tengan motivos de denunciar lo que sería objeto de denuncia. Tan pronto se antepone el corporativismo, después ya no se hace necesario, la sociedad se ha idiotizado hasta el punto de que nadie traiciona con denuncias a nadie.



Por tanto, de lo que hablamos es de una sociedad que ha conseguido que la mayoría piense de forma única: uno son los diez mil. Que del chino significa que lo que piense un chino, lo piensan todos. Los díscolos desaparecen y la democracia consiste en obedecer sin cuestionar. De esa manera, en cuanto aparece un díscolo, la sociedad lo etiqueta como si él fuera un tonto o alguna clase de repipi redomado con ideas tecnicistas y llenas de utopías y extremismos absurdos.

Si nos damos cuenta, la idiocracia es un sistema que se puede mantener estable siempre que se consiga defender la bipolaridad. Lo vimos en la alemania nazi, eran ellos contra nosotros. No obstante hay que tener cuidado, porque es fácil de confundir estos términos con la lucha de clases de Marx y, de ahí, contaminar el comunismo. Esto es así como que tanto el comunismo como la Revolución Bolivariana poseen características sutilmente peculiares que los separan de la bipolaridad. Hay que partir de que el marxismo acabó sucumbiendo en una doctrina económica-social con carácter dogmático, pues la ciencia no puede ni demostrar ni refutar tales posturas. De ahí emergería el comunismo, que aceptaría la postura de la lucha de clases como eje central: conseguir redistribuir las riquezas entre los que trabajan para fomentar el trabajo y la solidaridad. En definitiva es una postura tan respetable como cualquier otra, no hay bipolaridad en ese enfoque. En cuanto a los líderes de la Revolución Bolivariana, no deberíamos sucumbir al lenguaje de sus opositores, el político que se enfrenta contra la corrupción no tiene porqué mezclarse ni negociar con según qué tipos pues convertiría su programa en una idiotez. De ahí la sutileza.

El detalle puede entenderse con la llegada de Stalin, que adopta un modelo comunista basado en la eliminación de los díscolos. Ahí sí podemos entender que hay una cierta intencionalidad de idiotizar a la gente. Como enemigos naturales del stalinismo aparecería otra aberración, que sería el fascismo: la prevalencia de las clases. Es decir, para luchar contra la bipolaridad se presenta otro enfoque bipolar. Entonces, mediante la propaganda y el engaño se valen para decirles a los pobres incautos: comunismo es Stalin y capitalismo es Mussolini. Tienes que elegir: o eres fascista o eres estalinista.







Stalin ya se preocupó de acallar a los troskistas que le intentaban arrebatar la oficialidad del comunismo, pero la realidad es que ya aparecerían países comunistas que ni eran marxistas - pretender asociar al comunismo los fracasos de un país concreto es cuanto menos pretencioso por ser tan generalizador.

Mi libro, en definitiva, intenta preveer la aparición de ese tipo de partidos que, en realidad, fomentan la bipolaridad. Como la razón por la que en su tiempo aparecería la ONU, hay que aprender de la historia para que no se repitan los errores como lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial. Y, para ello, en ocasiones hay que mezclar el agua con el aceite. Por ese motivo busco defender las utopías desde la posición de los díscolos, para quienes quieran leerlo como si fuera una distopía.

Por ejemplo, intento mezclar el comunismo con la monarquía. En un capítulo se acaba explicando el porqué aunque, como es lógico, no tiene porqué convencer los motivos cuando éstos se acuerdan, a falta de taquígrafos, entre Luces y Espectros.