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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Prólogo anterior que tenía el libro

Antes de la publicación y corrección del libro
antes de que encontrara una editorial de autoedición
antes de que se le incorporaran imágenes y nuevos capítulos
la obra tenía un prólogo
y un amigo me dijo que ese ladrillo le impidió 
Aquí os muestro el ladrillo que eliminé

Primer prototipo de la cucaracha de cuatro patas hecha a petición por Solux

Prólogo.


Este libro es un libro que intenta ser iniciático para aquellos que no saben cómo funciona el mundo y su manera de ser dentro de él. Hay quien piensa que los comportamientos en este mundo se reducen a tener miedo o vivir con amor, cuando en realidad todo me induce a pensar que esas dos valoraciones sólo son estimaciones que resumen todo un espectro de posibilidades que hacen difícil valorar los movimientos éticos y morales que rodean al comportamiento humano.

Este libro, como va sobre qué le falta a esas ecuaciones, no tiene otra que ser un libro de amor: un romance entre dos individuos. Como nuestra sociedad aún no ha madurado sobre estos temas, he considerado que lo mejor es que sea una novela de adolescentes. Quizá incluso yo puede que no haya madurado lo suficiente estos conceptos. En este proceso iniciático nos confrontaremos con realidades muy diversas: el poder de la objetividad contra el de la subjetividad ¿Por qué somos comunistas y, al mismo tiempo, capitalistas a la vez?

Quisiera ahondar en el enorme drama de las personas que aún siguen abocadas en pensar que el capitalismo es la solución, porque me apena verlos en el estado en el que se encuentran. Para poder mostrar esta historia, la divido en tres partes.

  • La primera es sólo para introducir los personajes. Así que no habrá mucha acción. 
  • La segunda parte será donde veremos cómo hay cambios dentro del entorno que pensábamos que era todo nuestro mundo. 
  • En la tercera parte será donde descubramos que nunca estuvimos separados de aquello que afecta a nuestra realidad, llamémoslo odio, amor...
Así que para entender la obra desde el principio bien se pueden hacer varios ejercicios de calentamiento: si alguna parte no les gusta, sáltensela. Si no les gusta este prólogo, no lo lean. Si quieren vivir las sorpresas de las historias, no lean la siguiente introducción..., ya podrán leerla para cuando acaben la novela.

Si gustan de enterarse a la primera, lean con mucho cuidado de principio a fin, y dense un buen descanso entre epígrafe y epígrafe. Si sólo quieren leer la obra, les invito a que la disfruten, pues no es una obra convencional, y la historia notarán que, a medida que avanza, va añadiendo nuevas historias de una manera que hasta ahora no se frecuenta en demasiadas novelas.

Así que, para el que le guste leer, puede que note un airecillo de viento fresco en esta novela: algo especialmente original, independientemente de que esté mejor o peor escrito que otras tantas que se puedan leer por ahí. Esta novela no tratará de ser la mejor que han leído, ni tampoco se convertirá en la peor: eso os lo aseguro.

Mi compromiso personal es que pueda existir una persona a la que esta obra le parezca la mejor que ha leído. Bajo ese objetivo es bajo el cual estoy escribiendo. El no conseguir los objetivos no será mayor problema que el no conseguir transmitir el armamento que necesita nuestra sociedad para comprender cómo salir de la historia de la mezquindad en la que nos hemos metido desde hace décadas y décadas.

Una historia que se convertirá, tarde o temprano, en el declive de nuestra humanidad para abocarla en dos posibles direcciones: o la evolución o la destrucción de nuestra especie. Así que, con estos aires de grandeza, mi alter ego se dirige al resto de la raza humana con el fin de transmitirle un mensaje el cual, puede ser cierto o puede ser falso, pero es un mensaje muy personal y sincero.

Es resultado del análisis de nuestra historia, hecho por una persona que no se ha dedicado exclusivamente a estudiar historia o sociología, pero que algo sabe sobre sí misma. Al fin y al cabo, la sinceridad, aun sostenida sobre principios falsos levanta estructuras mucho más sólidas que las que nos ofrecen los cínicos.

En mi introducción expondré mi jerga mejor, y en ella tengo un lugar para los cínicos. Los expertos pueden vivir contaminados con una realidad que han dado por válida pensando que esa tesis que mantienen es la que ha conseguido establecer el continuo de nuestro tiempo. Sin embargo también mi vida posee una enorme experiencia en ciertos campos, y esa experiencia me ha dado a comprender que en realidad cuanto más experto se es más se sabe de los errores que cometen los de tu gremio.

Uno de tantos es el corporativismo que supone defender la institución científica por encima de la crítica que debe llevarse a cabo: ¿por qué lo que es fácil de entender no es fácil de criticar? Porque las ciencias aún no han madurado lo suficiente como para realmente saber qué es lo fácil y qué lo difícil, pero sus defensores no quieren admitirlo. Existe una secuencia lógica para madurar los conocimientos.

En eso consiste la pedagogía. Sin embargo, la secuencia lógica para madurar los conocimientos pedagógicos puede ser la propia filosofía pedagógica que se tenga, lo cual trasciende al conocimiento mismo y es, en definitiva, la capacidad que se tiene para valorar las propias teorías científicas. A mí me habría gustado recibir clases de pedagogía sobre los conocimientos que practiqué en vida, habría sido una manera de contrastar las distintas formas de aprender una misma idea ya aprendida, para separarlo de los mecanismos personales de entendimiento y ser menos víctimas de sesgos cognitivos.

En cualquier caso, hay muchas formas de leer un libro. Me he preocupado de que puedan practicarse, casi en la totalidad de las técnicas que conozco, esos mecanismos. Se puede leer sin entender. Se puede leer concienzudamente. Se puede leer saltándose las partes aburridas. Se puede leer en distintos órdenes, siempre y cuando se mantenga la coherencia temporal en mente. Se puede leer cortando a mitad de una epígrafe justo cuando empieza la parte emocionante, para así volver al libro con más ganas. También hay términos que pueden subrayarse para ver cómo se repiten más adelante y, así, en diferentes contextos, descubrir su verdadero significado analítico.

También se puede subrayar términos que parecen describir el contexto en el que está escrito la obra. Para así hacer reminiscencia de lo que se pueda recopilar para estudiar la visión de quien escribe desde un plano subjetivo. Como la obra está llena de sentimientos y razonamientos, es factible anotar aclaraciones de la historia en uno de los márgenes del libro, o sensaciones del pensamiento transmitido en otro de los márgenes elegidos.

No hay que olvidar las anotaciones a pie de página relativos a la enorme dificultad que supone seguir los esquemas de la obra y los posibles dobles sentidos de algunas de las sentencias que se usan. Si no les he dado suficiente metodología para leer esta obra, aún puedo ayudarles en algo más: esta obra está planteada de manera que puedan llenar folios y folios llenos de esquemas y dibujos varios que representen qué ha habido en la mente de quien está aquí presente. Por lo que, empero, podrán practicar casi en la totalidad las distintas formas de lectura sobre esta obra. Por lo demás, espero que disfruten de esta obra al menos la cuarta parte de lo que yo he disfrutado haciéndola, pues el disfrute es un mecanismo de elevación y entendimiento de uno mismo.

Introducción sobre el mundo en el que vivimos. 

Filosofía que hay detrás de la obra.
A la derecha tenemos un grupo de personas que desean materializar bienes y servicios para darles un valor de carácter privado. Lo que realmente se esconde detrás de ese sentimiento es la defensa de lo que ya tienen, o más bien volver a revivir su estatus bajo el poder tradicional. Se les llama gente de derechas, cuando en realidad su postura es la defensa de su casta. Pueden disfrazarse de hombres de izquierda, pueden apoyar posturas progresistas, pero lo que realmente define a los que defienden una idea de estado débil suele ser el desapego a solucionar las injusticias de envergadura. Considerar que la sociedad no debe meterse en asuntos demasiado privados. La idea de lo que es injusto, de la clase de vida en la que nunca querríamos vivir, es la clave no del entendimiento, sino del desentendimiento.

En la derecha distinguimos aquellos que ven en la representación del poder del pueblo un problema. Algunos consideran que las masas no pueden sostener un sistema. Y hay quien piensa que no se puede dividir todo entre izquierda y derecha. Es cierto que la bipolaridad existente entre la izquierda y la derecha parece obligar a las personas a tener que admitir algún tipo de alineación, pero siempre va a ser importante saber qué es lo que empujan a las personas al desentendimiento. Porque, por encima de todo, tenemos un problema de desentendimiento. Para resolver el problema de desentendimiento podríamos analizar de qué tienen miedo cada una de las partes a la otra. En un análisis social bien puede considerarse que el miedo es un concepto importante, sin embargo el espectro de las emociones es mucho más complejo que la bipolaridad entre tener o no tener miedo.

Está claro que las personas actúan para evitar miedos, pero el miedo puede ser el resultado de otros aspectos mucho más trascendentales y, por tanto, éste podría influir y alimentar lo que realmente supone alguna clase de trascendencia al individuo. Es por ello que me veo en la obligación de entrar en detalle sobre lo que considero que realmente trasciende al individuo. El miedo puedo dividirlo por cuatro orígenes: la ausencia de aspiraciones (la pérdida de libertad), la ignorancia, el deshonor (el mundo indigno) y lo horrible de presenciar. Considero que cuando una persona actúa con desprecio ante una idea debe ser porque interpreta esa idea desde el punto de vista de una combinación de algunos de esos aspectos. La interpretación de que vivir de una manera puede llevarnos a la pérdida de libertad, a vivir en la ignorancia, a tener que someternos indignamente o a presenciar situaciones horribles es lo que empuja a una persona a simplificar su sensación interna para tener como resultado una catalogación: lo admita o no, tiene miedo, y a partir de esa sensación obrará de una manera o de otra – pues su conducta puede que intente no reflejar esa situación.

El miedo no es un sentimiento inherente al ser humano, es una valoración del estado de ansiedad en el que se encuentra. Podemos considerar como ejemplo, que el hambre en el mundo no es un estado de las sociedades de nuestro planeta, sino el resultado de malas políticas; es decir, que el problema del hambre en el mundo no está en el hambre en sí, sino en lo que lo provoca: quizá la llamada externalización de los problemas, el hacer que sean otros los que paguen nuestros lujos. De la misma manera, el miedo que producen políticas perversas no es malo por ser miedo en sí, sino porque se interpretan tales políticas bajo una configuración que nos recuerda al miedo. Por lo que es un problema de interpretación de la realidad. La victoria del ser humano consiste en poder entender sus recuerdos de una manera consensuada, sin embargo vemos cómo la historia está llena de ataques a la objetividad; en la interpretación de la historia podemos estudiar la diferencia que hay entre los que se ubican a la izquierda y los que se ubican a la derecha.

Wittgenstein ya planteó el problema del lenguaje de manera clara: ¿qué pasaría si cada persona dispusiera de una cucaracha en el interior de una caja? ¿Qué pasaría si nadie pudiera ver el bicho que tiene el otro en su propia caja? ¿Podríamos estar seguros de que cuando habláramos del coleóptero del otro hablaríamos de la misma cosa? La forma que tengo de resolver ese enfoque tiene mucho que ver con el problema en sí: en la medida en la que las ideas se quedan en la mente de cada uno, el que sean iguales o diferentes nos es irrelevante; mientras que si las ideas pueden ser referenciadas en el mundo, entonces sí nos valdrá la pena incluir las distinciones oportunas. Estas ideas, que pueden recordar a Hume, poco a poco van introduciéndonos en la ética del ganador. La ética de la persona que, con su interpretación, puede provocar que la realidad sea como a él le guste. Sin embargo, la ética del ganador exige tener que reconocer previamente todos los pasos que ayudan a analizar la realidad del mundo. Para empezar debemos hacer acopio de comprender si es cierto que, dado un grupo de personas, éstas puedan ser etiquetadas como un grupo democrático o un grupo sectario.

Las sectas son agrupaciones de personas cuyo objetivo consiste en ofrecer una sensación de pertenencia a un grupo. Las sectas permiten generar una sensación de clase social, o de casta. Una secta, según mi definición, es siempre e irremediablemente incompatible con una democracia, en el sentido de que es radical y absolutamente imposible hablar de sectas democráticas o democracias sectarias. Esto es, tal como lo defino, una secta es una estructura orgánica de personas que deciden anteponer el corporativismo a la unidad. La adhesión jerarquizada basado en la antigüedad, la dificultad para salirse de ella, el acoso a los que no pertenecen a ese grupo..., todo son indicios claros de la clase de sociedad antidemocrática que se ha formado: una forma de vida que hace que cada individuo no tenga opción de elegir ni aspirar a más, una estructura que mantiene a las personas en la ignorancia, las humilla en ocasiones y, lo que es peor, es de una enorme mal gusto. Está claro que los que las integran tienen un enfermizo problema. Bajo esta definición, es muy posible que muchos regímenes de países que creíamos que eran democráticos al final pudieran ser catalogados de ser sectas. Pero claro, no es lo mismo una secta convencional que una secta de poder. Las sectas de poder poseen un aliciente: pueden controlar como si fueran acólitos suyos a miembros que no son de la secta.

Esto es, el sistema ha sido viciado y ha permitido que las sectas controlen los organismos democráticos. Tenemos muchas maneras de pensar sobre cómo debemos afrontar un problema como ese. Lo primero es reconocer nuestra incapacidad para doblegar la mente de las personas, al menos sin la correspondiente ética que nos permita influenciar y reinsertar a un semejante en una dirección más humana. Sin embargo, ¿no es peligroso considerar que la ética de uno pueda ser más importante que la ética de otro? Cuando partimos de un concepto tan infantil y simple como la idea de un dios todopoderoso, es fácil someter los pilares de toda ética a la idea de lo que es la fe. La fe, como dogma religioso, otorga al ser humano el poder inconmesurable de estar plenamente seguro de las cosas que otros consideramos con total seguridad que no deben ser etiquetadas o valoradas con los conocimientos actuales.

Gracias a ese pilar el individuo puede tener la sensación de haber resuelto un problema de envergadura, el de la ignorancia, y su interpretación le hará temer cualquier otro enfoque: porque cualquier otro enfoque le llevaría a un estado de mayor ignorancia según esa interpretación de los dogmas. Tenemos cuatro tipos de religiosos: están los que meditan y reconocen múltiples ídolos, están los que aceptan múltiples ídolos y consideran la meditación hacia uno solo, están los que se centran en el sometimiento a una única figura no institucionalizada y, finalmente, están los que se someten a una institución que venera a una única figura. Sorprendentemente, lo mayoritario oscila entre los dos últimos.

A las dos primeras clasificaciones se les llama politeístas, a las dos últimas monoteístas. Está claro que hay cientos de clasificaciones posibles, pero detrás de esta clasificación de las religiones obtenemos el tipo de error de interpretación que cometen sus participantes. Cuando se intenta dialogar con un monoteísta, lo primero que hay que hacer es plantearse si se trata de un monoteísta conductor o conducido. Los conducidos son fáciles de entender: repiten el dogma. Los conductores, por el otro lado, son capaces de reinterpretarlo ya que, en realidad, ellos son en parte artífices del mismo. Por esa misma razón, dentro del monoteísmo, siempre existen dos posturas adicionales: los literales y los interpretativos. Entendemos los estrictos como los que interpretan el dogma a través del significado literal de las palabras usadas, mientras que los interpretativos buscan la manera de justificar el uso de tales palabras.

No es difícil adivinar porqué aparecen los literales y los interpretativos: es debido a la institucionalización del dogma. Con el fin de proteger las ideas, éstas adquieren un formato corporativista, donde se intenta proteger, al mismo tiempo, la institución misma que las defiende. Los monoteístas no institucionalizados, en la medida de que sean conductores en pequeños grupos, también buscarán una suerte de justificar la pequeña institución oficiosa que se haya formado en torno a él. Por eso, aunque las instituciones estén federadas, todos los monoteístas acaban defendiendo una idea de corporativismo, junto a la enorme incapacidad para defender ideas propias. La razón por la cual podemos sostener que los monoteístas son incapaces de defender ideas propias es por la sencilla razón de que sostienen de que el bicho que se oculta en su caja es lo suficientemente relevante como para afectar al juicio de la realidad. Es por ello que podemos encontrar otro tipo de individuos que, en principio, a sí mismos se habrían considerado religiosos; cuando en realidad yo los considero completamente ateos. La clasificación de los no religiosos puede contar, también, en cuatro categorías: los que creen que creen y no lo practican (hipócritas), los que practican sin creer (cínicos), los que no creen en el dogma (aristotélicos) y los que creen que todo es química (deterministas).

Es fácil entender a los aristotélicos como aquellos que ven trazas de libertad en los individuos, en oposición al determinista, cuyo ateísmo se sostiene en una afirmación que aún no ha sido demostrada. Sin embargo podemos estudiar a los hipócritas y a los cínicos, pues algunos cínicos podrían tener la conducta de ser monoteístas conductores cuando su naturaleza es atea. En la lectura de mis palabras habrá quien considere que se adivina una suerte de fijación dogmática a una postura cerrada que no admite otras posibilidades. Es cierto que no gusto de extenderme en explicaciones, sin embargo eso puede ser también culpa de a quien le toque entender, porque a buen entendedor pocas palabras bastan. Un auténtico ganador se hace protagonista de todos los enfrentamientos que se produzcan, y es que hay que admitir que no va a ser en todo lo que haya razonado en lo que se me va a ver aplicando las posturas pertinentes. No será ése el caso cuando se lean estas letras. En cualquier caso, ¿cómo podría clasificar un aristotélico al resto de las posturas religiosas? ¿Debía ser bondadoso y respetuoso? Eso me convertiría en un cínico. Además de que acabaría defendiendo un dogma que no se atendría a ninguna realidad. No puede tampoco servir de nada mantener discusiones vanales en base a ideas que podría hacer creer que podrían ser ciertas, cuando en realidad no son más que palabras de relleno de un libro, o un razonamiento que tarde o temprano acabará colapsándose, eso me convertiría en un hipócrita. Por otro lado, si considerara que la lectura de este libro no puede llevar a una persona a concebir la ética del ganador, la ética de quien opta por interpretar cómo puede salir ganando, entonces no sería más que otro determinista.

Llegados a este punto resta plantearse qué es eso de la izquierda y de la derecha. Históricamente se formaron tales posturas desde la revolución francesa, sin embargo, poco a poco se ha ido redefiniendo en virtud de cómo ha ido cambiando la realidad política. Para entender la derecha sólo hay que plantearse la realidad de una cierta manera: ¿puede la totalidad tener mejor opinión que el individuo? La derecha se posiciona con fuerza a favor del individuo, porque es una manera de declarar claramente las intenciones: el enorme miedo que genera el que te arrebaten las ambiciones, la huella del propio capital. Sin embargo, el problema de la pregunta es que está mal entendida, al fin y al cabo, ¿qué es opinión? Esto es, ¿qué es lo opinable? La vida de un ser humano no puede estar bajo el filo de la espada de Damocles ante la opinión de toda una comunidad. No puede pender la libertad del individuo de la opinión de las masas, pues la libertad es un concepto inherente del individuo. Por eso la cuestión de lo que es opinable nunca toca el tema de lo que sea inherente al ser humano. Así que para poder comprender cómo enfocar la gran revolución del homínido, yo consideraría partir de los distintos tipos de derechos que posee un individuo. Así podríamos comprender antes qué se entiende por opinable. Supongamos que un juez tiene ante sí a un cabeza de familia que ha estado medicando sin su consentimiento a uno de sus hijos.

La interpretación de las leyes que quiera llevar a cabo el juez corresponde con una interpretación que tiene de la realidad, sin embargo la medicación es un concepto que afecta a la química del cuerpo de las personas: destruye la caja más interna del individuo donde se esconden sus interpretaciones. Esto hace que el juez no pueda opinar. Esto hace que el individuo se anteponga por encima de su opresor por encima de cualquier ley consensuada que haya sido escrita: el cabeza de familia es culpable nada más demostrarse los hechos, sin margen de reinterpretar intenciones o resultados. No hay ética de ganador ni maniobra posible, porque afecta al individuo en sí y a su derecho a existir como tal. A ese tipo de derecho inherente lo podemos llamar derecho íntimo: pues es el que tiene que ver con cómo somos por dentro y que nadie tiene derecho a violar. Otro tipo de derecho inherente es el que defina al propio individuo. Muchos discutirán sobre cómo debe ser definido tal o cual derecho. En cualquier caso, no se trata de ampliar derechos, pues el ser humano nació con ellos. Sin ir más lejos, su capacidad para interpretarlos le permite cambiarlos a la larga para configurar una nueva dimensión a la idea de lo que van a ser capaces de hacer o a qué están sometidos. Los derechos inherentes se interpretan según la ética de los que ganan, pero no es el resultado de matar a los que se oponen, sino de vencerlos. Como este tipo de derechos suponen una enorme dificultad para muchas personas, es lógico que haya que indagar más de lleno. Los otros dos tipos de derechos ya no son inherentes al ser humano, el incumplimiento de éstos podría desembocar en la sociedad un recelo por convertirse en una auténtica molestia. Se trata de derechos básicos, que consisten en lo fundamental para tener una vida normal y plena; a diferencia de los derechos adquiridos, que podrían ser los bienes y servicios que engloban a todo lo demás.

Los derechos básicos y adquiridos son derechos contables, podemos decir que forman parte del activo en el balance de una sociedad. Los derechos inherentes, sin embargo, no son contabilizables. Es comprensible que haya muchos debates sobre cómo deben ser redactados, o entendidos, los derechos inherentes, cuando la redacción no afecta a la intimidad, pero lo que realmente es importante es no mezclar en los debates los derechos inherentes con el activo. Esto es, nadie podrá otorgarse el derecho de decir que se disfrutan de derechos inherentes gracias a su grupo. Esa lectura tiene una cierta connotación de autovananglorización. Comprendido cuál es mi lenguaje a la hora de interpretar los márgenes de lo opinable, retomamos la cuestión de si la totalidad puede tener mejor opinión que el propio individuo. Podemos comprender que cuando varias personas se juntan lo hacen por una cuestión de libertad personal: una asociación de individuos representa un proyecto conjunto que se ha formado para resolver alguna clase de problema en la sociedad. Podemos comprender que hay cuatro formas de asociarse: puede ser una asociación de urgencia (una organización militarizada encargada de llevar a cabo mandatos), puede ser una asociación con algún ánimo de lucro (para animar a las ambiciones personales), puede ser por motivos altruistas (resolver un problema que con formato de asociación podría llevarse a cabo mejor), o por compañerismo.

Cuando las personas se reúnen por una relación de compañerismo, se podría decir que tienen por objeto acabar con un enemigo común, razón por la cual pretenden trabajar juntos. El enemigo no tiene porqué ser una persona, puede ser un objetivo abstracto. Por otro lado, la razón por la cual se crean asociaciones por compañerismo no es porque la asociación realmente sea necesaria, sino que en realidad las masas individualizadas poseen el mismo enemigo común. Esto es, el comportamiento de tal asociación corresponde con la naturaleza misma de cada individuo. El que se junten les dará mayor fuerza a la hora de ejecutar las acciones, pero no es el hecho de tener alguna suerte de cúpula lo que hará que funcionen de una manera o de otra. Eso nos lleva a la manera que tengamos de clasificar las asociaciones, si se rigen por una suerte de cúpula entonces eso significa que la caída de la cúpula haría desaparecer la propia asociación. Esto es algo que no tiene porqué darse en las de urgencia y las de compañerismo, pues aunque el jefe de brigada de bomberos caiga en mitad del incendio, aún puede el resto de los asociados seguir apagando el incendio. Lo mismo sucede con un grupo golpista que se enfrenta contra un gobierno terrorista, que caiga un líder u otro es lo de menos cuando los integrantes están ahí por necesidad de enfrentarse contra el terrorismo de la nación. Hay personas que suelen querer descalificar según qué tipos de actividades se llevan a cabo en las asociaciones. No hay que olvidar la cultura franquista de la que viene España, y el enorme miedo que existe contra todo lo que pretenda recordar los tiempos de los presidentes caídos. España sólo ha vivido una suerte de estabilidad mientras los monarquistas tenían la sensación de que había un único jefe en el estado.

Cuando llegaba la república, daba la impresión de que los presidentes no eran capaces de estar a la altura de las circunstancias: si no pueden defender sus vidas, ¿cómo pretenden defender las vidas de los indefensos? ¿No es esa y no otra la misión de un presidente? Efectivamente, nos estamos acercando a la ética de los ganadores. Así que toca, antes de seguir analizando, descubrir qué se entiende por violencia y qué afecta a la paz social. No es extraño que en una sociedad llena de opciones para reclamar cambios, el hecho de que se lleve a cabo una presión desmedida se convierte en un ejemplo de violencia injustificada. Así que eso nos lleva a dos definiciones confrontadas de lo que es la violencia: la que proviene del terrorismo sistémico y provoca una reacción en los integrantes del sistema, y la que destruye al individuo en sí. Una vez más vemos dos definiciones diferentes dependiendo de la fuerza que le demos al protagonismo del colectivo. Es demasiado importante fijarse en que, una vez más, nos vemos obligados a recordar qué es opinable y qué no lo es. Cuando estamos integrados en un sistema que es responsable de un aumento del número de suicidios debido a su política, podemos comprender que, efectivamente, el sistema está tocando características químicas y muy íntimas del individuo. Cuando el sistema es capaz de infundir cambios conductuales tan íntimos, podemos asegurar que el sistema ejerce un terrorismo de estado, esto es, tiene por objeto infundir el terror. Contra esto, una vez demostrado, no hay opinión posible – o se lucha contra esto, o formamos parte del problema.

Podemos comprender, por tanto, que el verdadero enemigo de los que ocupan el poder, cuando se trata de una secta, son los que quieren traer la democracia. Por ello, necesitarán acusarles de ser terroristas por cada acto que se consiga plasmar. No hay que olvidar en una confrontación de igual a igual, el culto gana al inculto cuando se trata de una tema cultural, y el inculto al culto cuando se trata de fingir cultura. Así que, en ocasiones, el sistema puede provocar que el que ocupa el poder lo consiga mediante los fingimientos; es una forma de deslegitimar la autoridad democrática. Cuando somos testigos de la falta de autoridad democrática, aparecen incumplidos sueños, aparecen deshonores y desidias..., la tragedia se presenta en la sociedad y empieza a tener miedo. La corrupción se convierte en norma, y lo raro es encontrar personas que quieran practicar la decencia. Ante tanta decadencia, defender el sistema e ir contra las personas se convierte en causas equivalentes. La decadencia de la clase política es objeto de análisis y estudio, es necesario que se activen los mecanismos necesarios para evitar que ocurran esa clase de cosas dentro de la organización ejecutiva del sistema. Los poderes encargados de definir de manera fortuita cómo se llevan a cabo las directrices aprobadas por el pueblo no pueden decaer en el abatimiento de fingir que son un poder representativo.

Cuando un profesional finge que trabaja, de algo estaremos seguros: es cualquier cosa menos lo que asegura que es. Al descubrir que el sistema se organiza contra las personas, las personas tienen por objeto organizarse contra el sistema. Ese acto de presión puede desembocar en situaciones violentas. Ahora bien, ¿no hace más daño ver cómo una persona muere porque otra no hace lo que debe? Podemos poner la vida en hacer de este mundo algo más hermoso en el que vivir, y esa sería la nuestra: está claro que si pudiéramos sacrificar la vida de un indeseable, de manera que ello frenara un problema mayor, todo sería muchísimo mejor. De la misma manera que podemos clasificar a los distintos tipos de delincuentes por lo que les empuja a llevar a cabo sus actos, ya sea la necesidad social, el error cultural, la enfermedad o el aburrimiento, cuando se actúa por enfermedad o aburrimiento no se debe esperar alguna clase de reinserción, y el sistema debe ofrecer garantías si pusiera en libertad a esos delincuentes. Por ello mismo, ¿qué garantías nos ofrece un sistema cuando son sus gobernantes los corruptos sometidos a la enfermedad de no tener empatía con los de abajo o por el afán y divertimiento vicioso de querer tener más y más a costa de los de abajo? A la única clase de personas que ese dilema no le parece tal es a quienes se suelen ubicar a la derecha, los que se consideran conservadores; quieren conservar el sistema tal como esté y que no haya grandes cambios. Los distintos tipos de conservadores puede dividirse en los militares (que luego encontraremos muchos tipos de militares, incluidos los comunistas cuando apoyan al corporativismo), los religiosos (que obedecen a una enorme clasificación), los economistas (que defienden una suerte de ideario fundamentado en una utopía que nunca se ha llevado a cabo y que es irrealizable) y la casta (que lo único que defienden es la defensa de los suyos por encima del resto). Entre muchas personas que ocupan un puesto militar, así como entre varios religiosos, suele encontrarse una suerte de individuos que defienden posturas de izquierdas. Es, por tanto, la clasificación del modelo militar una denominación que proviene de un concepto de carácter que, entiendo, es contextual, pues proviene de una visión que tienen unas personas con respecto al mundo: la visión conservadora; lo mismo pasa con religiosos y economistas. Se trata, por tanto, de unos peones valiosos para la secta de poder que controla la derecha.

Ahora bien, la defensa de la casta, a mi modo de ver las cosas, lo definiré como la estructura idiosincrásica de lo que significa propiamente dicho la posición de la derecha. Al fin y al cabo, no se trata de defender que no existe una postura correcta: por un lado la forma correcta de gobierno es la que da respuesta a la manera de vivir que le gustaría tener la gente; pero se considere la forma que se considere, hay una serie de líneas rojas que jamás se podrán aceptar y, resulta, es la derecha la que por definición no reconoce tales líneas. Por tanto, hay algo turbio a la derecha que debe ser sustraido del lenguaje; igualmente, eso turbio se encuentra en posiciones que históricamente se autodenominaron de izquierdas. Sin embargo, hablando con propiedad (ignorando los hitos históricos y sus contextos), necesitamos ver a esta clase de problemática a la derecha de nuestras posiciones: se trata de una visión analítica del problema. Haciendo un análisis de esta forma de llamar a las cosas, podemos extraer que, efectivamente, podrían encontrarse posturas indefendibles desde la derecha en el seno de las comunidades religiosas, en congresos de economistas o en el propio seno militar. Con el fin de defender posturas racistas (la defensa de los miembros de tu clan, de tu familia, de tu rostro o presencia por encima de todas las demás cosas), los clasistas (defensores de la casta) inculcarán una cultura orientada al miedo sobre las perversiones de las posturas ubicadas a la izquierda. Fingirán entrar en temas éticos, y fingirán defender posturas que se encaren contra otras. Fingirán llevar a cabo la ética del ganador: defender que somos lo suficientemente maduros para elegir, pero a la hora de la verdad sólo lo fingirán, porque no quieren decir todo lo que creen saber. En el fondo saben que no quieren admitir cambios en su vida, y no van a permitir que nadie cambie su forma de vida.

Al proceso de engaño y manipulación lo llamarían santa desvergüenza si, realmente, el objeto último fuera una divinidad. Sin embargo, a la hora de la verdad, el objeto último no es la divinidad a la que dicen venerar, al país que dicen defender o a la economía que dicen defender. Sin embargo, necesitan fingir que hablan, en esas prácticas cínicas la mentira y la manipulación les da una enorme ventaja; aunque necesitan controlar la información: su verdadero enemigo es la hemeroteca. No es difícil identificar al farsante (el ateo que sea cínico o hipócrita, que no defiende realmente el dogma) cuando éste tiene tantas preocupaciones con eliminar cualquier trazo de trasparencia. Cuando se reunen las personas éstas deben hacerlo para conseguir unos objetivos muy concretos. Una reunión no es una asociación: una asociación tiene carácter permanente. De la misma manera, una reunión no es un encuentro, el encuentro tiene carácter fortuito y busca el impacto más directo. Hay quien verá una reunión como una cita, cuando una cita tiene un carácter fortuito y busca la persistencia de la relación mediante un intercambio fluido de los diálogos. Podemos comprender que la mayoría de las reuniones que se llevan a cabo acaban convirtiéndose en citas. Sin embargo, hay algo que identifica a una reunión por encima de todas las cosas: las reuniones, así como las asociaciones, poseen un objetivo a cumplir dentro de la sociedad. Ese objetivo se encuentra por encima de los deseos personales, y obliga a desechar cualquier carácter fortuito que pueda tener ningún encuentro. Para fortalecer nuestro lenguaje, necesitamos confluir las palabras reunirse, encontrarse, asociarse y citarse de manera que podamos usar un verbo conjunto para la acción que reuna las cuatro condiciones, yo elegiré la palabra congregarse.

Cuando una persona se reúne con otras puede ser por una de cuatro motivos: para escuchar, para aprender, para enseñar o para hablar. El que está para escuchar no espera comprender gran cosa, pero está para pasar el rato; internamente algo cambiará en esa persona y habrá madurado sin ser consciente de ello, pero no aspira a más. El que está para hablar no espera transmitir gran cosa, sólo quiere dejar un conjunto de afirmaciones de manera que la cultura no se pierda y se pueda seguir manteniendo el recuerdo o la inteligibilidad de una serie de conceptos. Lo interesante está en quienes quieren enseñar y aprender. Es curioso que al final, a pesar de que todos los integrantes practican los cuatro roles, sólo un rol es el auténtico predominante. Quien tiene por objeto enseñar es porque quiere innovar con sus ideas y transmitir algo que piensa que no se sabe. Distinto es de quien quiere aprender, que espera sacar ideas concretas para algo bien definido. Lo interesante de las reuniones es cuando comprobamos que el número de roles predominantes no es exactamente uno de cuatro, sino uno de dieciséis: el que buscaba enseñar y acaba enseñando, el que buscaba enseñar y acaba aprendiendo, el que buscaba...

 El rol que desempeña una persona en su sociedad dependerá del tipo de sociedad a la que pertenece: personas que se reúnen, se encuentran, se citan o se asocian. Depués dependerá de la naturaleza de sus reuniones: si permite a los que enseñan enseñar, por ejemplo. También dependerá del tipo de asociaciones que la conforma: si se asocian por compañerismo, por motivos lucrativos... La gracilidad de los encuentros para conseguir generar aconglomeraciones cuando sean necesarias, así como la persistencia de los contratos que se lleven a cabo gracias a las citas. Cuando tenemos estos parámetros podemos estudiar la temperatura de una sociedad para así determinar si está o no enferma.

Gracias a un correcto análisis podríamos conjeturar dónde se encuentra la enfermedad y emitir algún tipo de diagnóstico que permita identificarla y, consecuentemente, curar a nuestra sociedad de la manera más justa. La ética del vencedor se puede entender de esta manera: ¿y si el fin del terrorismo se puede conseguir sólo haciendo creer que ya ha llegado ese fin? Podemos considerar cómo consiguió la India su independencia, hasta que los medios de comunicación no se pusieron de acuerdo conque la India era independiente, el país seguiría siendo una colonia. La clave, por tanto, está en la interpretación de los documentos para determinar qué es oficial, y qué no lo es. Un documento, de por sí, no significa nada. El carácter oficial de un documento lo establece su coherencia con la realidad que lo rodea. Podemos considerar la existencia de documentos apócrifos llevados a cabo con el fin de parecer que existe otra manera de documentar, pero cuyo objeto es la mentira y sustitución de los oficiales.

También hay otros dos tipos de documentos: los oficiosos y el resto. Porque el oficioso es compatible con el oficial, y sirve de algo. Pero el resto de los documentos no tienen ni intención ni significado. Por esa razón bien podemos clasificar el número de documentos interesantes en sólo tres clases, siempre y cuando los artísticos no los aceptemos dentro de los interesantes.

A modo de ejemplo, al buen historiador le podría interesar los documentos oficiales rescatados de la época, distinguirlos de las falsificaciones – que serían apócrifos, y reconocer lo oficioso para distinguir la ortodoxia de su disciplina. Libros como la Biblia se quedaría entre el resto, documento que, si bien es interesante, debe hacerse desde otro plano diferente. La ética del vencedor, del ganador, podría no considerarse demasiado importante. Sin embargo, es el que se obsesiona en el significado de una cosa el que acaba encontrándole sentido a su teoría.

Esa visión antropocéntrica permite alimentar una realidad que es más dúctil de lo que mucha gente piensa. Al fin y al cabo, ¿cómo es posible que nos hayamos convencido de que unas criaturas cuya dentadura demuestra que hemos nacido para comer frutas necesitaran carne para vivir? La sociedad puede ser víctima de errores inimaginables debido a enormes mentiras que, en su tiempo, quizás fueron necesarias para conseguir la evolución de las especies. La especie que realmente podría vencer a su propio exterminio debía tener una suerte de directrices internas que le permitiera dirigir gregariamente a las masas. Así es como en las cavernas podríamos sobrevivir, sin embargo, nuestras ambiciones nos obliga a querer abandonar las cavernas.

La caverna, una vez abandonada, exige también cambiar los parámetros que permitirían nuestra supervivencia ¿Vamos a permitir que sea la selección natural la que decida cómo vamos a ser o seremos nosotros protagonistas del futuro de nuestra historia? Podemos decidir si seremos vegetarianos. Podemos decidir si vivir en competición continua. Podemos decidir si entendemos dónde están las reglas que conforma la sociedad. Pero si no ambicionamos nada, entonces admitiremos cualquier resultado. Cuando no hay nada bueno y nada malo da igual el modelo social que se defienda: por tanto los auténticos genuinos de derechas son los budistas. Esos serían los enemigos naturales del comunismo y verdaderos defensores del feudalismo, como máximo exponente de la defensa de las castas. No por ello íbamos a considerar la necesidad de perseguir a los budistas y condenarles a vivir una vida mejor; hay formas y hay formas, aunque no es fácil de juzgar. Para saber juzgar antes hay que saber cómo enseñar. El juicio, si queremos que no sea punitivo, debe tener por objeto la enseñanza y, por tanto, el verdadero magisterio se fundamenta en la reinserción del individuo que necesita entender qué tipo de pieza fundamental es el que le define en este mundo. Es más fácil hacer aprender el abecedario que hacer aprender ética, aunque enseñar o aprender de por sí lo segundo sea más sencillo. No tiene sentido que haya más pobres que ricos en la cárcel. Cuando el sistema se ocupa de apartar, en vez de reinsertar, se demuestra que las estructuras y sus pilares están mal definidos.

Por ello sabemos que la justicia tiene otro termómetro que ayuda a saber cuándo no funciona como es debido. Una vez tenido todo esto en mente, tras haberme desahogado un poco y haber puesto luz sobre las intenciones ocultas, espero que disfruten de la siguiente novela...

viernes, 28 de abril de 2017

Motivacional

Existe un rasgo que tienen muchos textos
que resistirá con el paso de los años
independientemente de la cultura que lo lea
para infundir en las personas una sensación
como de motivación

Lo típico para motivar:
 ver a un gato a punto de caerse del tenderete
Hay un tipo de animal que, aun siendo mamífero, es capaz de sobrevivir a los lugares más extraños. Casi como si fuera una de las cucarachas de la novela Luces y Espectros, se convierte en un ejemplo de fortaleza y supervivencia. No es de extrañar que los griegos vean en este bicho un ejemplo de algo que inspira motivación en las historias. La capacidad de sobrevivir a los conflictos más diversos, de poder anteponerse incluso a un mundo apocalíptico, como se presenta en la novela, supone incitar a los líderes para que sean cardinales: para que dén el primer paso. Para que perseveren en una dirección bien definida, marcada con firmeza dentro de sus propias convicciones.

La cabra también recuerda al animal del lucero del alba, del ángel que iluminaba tanto que se hacía pasar por un dios, sin serlo. Aquel que llenó de trampas el camino al paraíso para que no se mezclen las luces con los espectros.


Y también tenemos al diós Amón, no sólo Lucifer, se trata de un dios sacrificado por la cultura judía con el fin de celebrar su religión monoteísta ¡O quién sabe de dónde proviene esa tradición! Sin embargo, hoy día los musulmanes también sacrifican, llegadas según qué fechas, a unos cabritos.

Desde mi posición debo decir que los holocaustos me parecen un tanto siniestros..., eso de que muera un ser vivo sólo por hacer manifiesto una creencia, suena mal, la verdad. Quizá con los años esas cosas pierdan su uso..., quizá con los años las utopías sean mostradas en las novelas para inspirar comportamientos menos tramposos, menos cobardes... Entonces esas novelas serán inspiradoras, motivacionales: porque habrán conseguido ilustrar lo que yo llamaba un ubuntu, una situación mejor aun habiendo tenido que aceptar algún tipo de sacrificio previo.


En ocasiones hay que alzarse para enseñar a los tuyos cuál es el camino correcto, pero en ocasiones señalando con el dedo la gente no querrá ser guiada; entonces es mejor ser insinuante, no puedes mostrar el camino hacia un mundo mejor. El sacrificio debe incluir la adaptación a tanta luz, a tener que aceptar una verdad deslumbrante; algo que nadie te quiere decir abiertamente y que no te pueden señalar porque asociarías con las flechas que te lanzan los enemigos, con sus mentiras...

Pero existe la buena fe, además del engaño. Por eso las trampas están para que la gente caiga y tenga la oportunidad de volverse a levantar; siempre tiene que haber una mano amiga para que nadie pierda su oportunidad por encima de todas las cosas. Eso es lo que nos transmite la idea de la motivación, la motivación no es un final felíz o adecuado, no se trata de un meme cultural. Sabemos que algo nos motiva cuando esperamos encontrar la superación en los momentos más difíciles, y nos sentimos identificados con cómo se consigue tales logros - porque son auténticos, iluminativos.

Porque no hay nada más cardinal y firme que la luz misma que represente la verdad tal cual es. El típico tipo duro se levanta y da ejemplo con su comportamiento atemporal, sin mácula. Incluso herido y lleno de lodo se antepone a la adversidad y sigue luchando, porque es su deber.

Lo que se ve en el horizonte es la ruptura del chovinismo a cambio de una silueta que brilla por sí misma por su fuerza
He estado en estos últimos días un tanto obcecado con una investigación matemática. Todo apunta a que la herramienta que he creado no me a aportar tanto como quería...,¡y anda que no habré insistido! Quizá aún pueda resolver algún problema abierto, o quizá mis pretensiones utópicas acaben por volverme loco por pretender iluminar más de la cuenta..., por ser tan... Pero hay que claudicar. La obsesión me viene porque sigo sin verme ubicado en la sociedad: ¿mis productos informáticos, mis fórmulas matemáticas, mis conclusiones literarias...? Bajar un poco de las nubes y encontrar un nicho para asegurarme el pan..., ¡cuánto me gustaría! Pero allá donde oteo todo está yermo y muerto. 

Lo único que soy capaz de ver en el horizonte son mentiras..., y peor está el futuro (tal como se están llevando las cosas), que mejor no contarlo - porque nadie me creería.







Suficiente hasta aquí
tenía ganas de escribir algo
motivacional
no sé cómo me ha salido
comentadme algo







martes, 7 de febrero de 2017

Para ganar hay que regodearse

Ya tengo un poco más claro lo que tengo que hacer
ocurre como en la historia de Aviones
para ganar a veces hay que volar alto
no basta con ser el más rápido
Hoy voy a hablar sobre el regodeo


Para cuando escribí la novela sabía de la necesidad de este concepto: el regodeo. Si vas a contar una historia no te puedes dedicar a decir lo que pasa y ya está, hace falta pararse en los detalles y en cómo se cuentan dichos detalles. Hace falta que la gente sienta un cierto encanto o atracción por lo que se cuenta. Efectivamente, ese tipo de mecanismo para hacer que haya encanto dentro de la literatura es algo que estuve investigando de muy pequeño..., y habría que remontarse incluso a mis primeros versos, a los cuatro o cinco años de edad.

No me voy a poner a chapurrear esos pareados que, hoy día, serían considerados arte postmoderno. Existen muchas obras que tienen ese carácter nihilista y simple que pueden crear trasversalidad, que pueden generar..., satisfacción. Lo cual es una nueva moda en los vídeos de Youtube. Se trata de esas obras que no tienen ese regodeo del que hablo, que se quedan en la sustancia del mensaje, expuesta de manera desnuda.

Hay que verlo, pero en su momento
Todas las obras tienen un lienzo y, sacado de ese lienzo, tiene el riesgo de envejecer, estropearse. O puede que se mantenga en el recuerdo el hecho mismo de que esa obra cautivó y cauterizó una herida cultural que teníamos..., entonces se sigue repitiendo en nuestra mente. Como si el envejecimiento de la idea formara parte de la lectura de la obra.

Efectivamente, todo lienzo merece un mural, una galería. Se trata del contexto donde la obra será entendida. En ese contexto el mensaje llega y es aprovechado por las personas que necesitaban ver algo así. Yo mismo he estado constituyendo este mismo egregor como un valor necesario dentro de cierta clase de sistemas de información..., pero aún está la cosa muy verde como para desarrollar lo que pretendo.

El asunto es que de pequeño ya me percaté de que las obras merecen un cuerpo, un regodeo. No se pueden dejar desnudas a la espera de que las personas la aprovechen. De ahí podría citar, a mis trece años, mi primer soneto oficial: soneto a la mujer. Que era una oda, según los cánones actuales, feminista. No se trataba de una pieza de amor, sino de una llamada a la pregunta: ¿dónde estaban las mujeres en el mundo del arte y la ciencia? Esa pregunta la acabaría por responder hace unos pocos años, de manera seria..., pero eso es otro cantar.

El regodeo, la lectura cautelar, es lo que hace que la afirmación, ya sea científica o literaria, pueda aguantar los embistes. Pueda sostenerse y no perecer. Es como la coraza del virus, esa que no solo pincha, sino que además protege el ARN del virus. Ese regodeo es necesario para encandilar y crear un grupo de seguidores que quieran aceptar tu obra.

Un poco de regodeo
Para aprender a darle regodeo a las obras literarias antes hay que practicar la poesía. Porque el regodeo de la narrativa es la función poética. Sin embargo, para aprender a darle regodeo a la poesía antes hay que probar a escribir en verso libre, para no olvidar que lo que importa es el sentimiento. Poco a poco, el ritmo, la prosodia, la estructura del verso, su métrica..., puede venir después. Una poesía debe adquirir forma a partir de lo que se quiera decir.

Sin ir más lejos, no es difícil crear canciones con un mensaje, y mucho regodeo ¿Quieres ser una estrella del rock? ¡Aquí te doy los ejercicios clave! Coge una pizarra y en ella apunta las palabras que quieres que aparezca en tu canción y las palabras que, sin aparecer, sean mencionadas implícitamente. Para ello a las segundas ponlas entre paréntesis, o subraya las primeras. En este juego, que sirve también con el mundo audiovisual, se trata de entender qué es tabú en la sociedad, qué quieres transmitir..., qué genera buen rollo. Y si puedes crear una canción con eso, entonces la canción molará.

El concepto de arte al final depende de en dónde está ese regodeo, esa estructuración general que permita defender la obra. Un cantante no es nada sin su representante, un director no es nada sin su productor, en la novela Luces y Espectros los adolescentes no eran nada sin los adultos..., y es que un artista no es nada sin su mecenas, el cual hasta ahora siempre solía ser un varón blanco; por lo que el artista cabía esperar que también tuviera que pasar por ese filtro.

¿Qué nos habremos perdido?

Pero no pienso regodearme sobre este concepto. No pienso insistir demasiado sobre lo que se llama el coste de oportunidad: lo que nos ha costado no invertir de la manera más correcta. Cuando de pequeño estuve buscando fórmulas gramaticales, adopté el barroquismo..., me encantaba. Pero también me exponía por ello: me criticarían de mil formas por escribir tan raro. Puede que incluso me llamaran pedante por ello. Y quizá la escritura barroca no llegara a ser lo que necesitaba, por eso seguí madurando mis historias, hasta el punto de escribir rarezas, algunas muy expuestas y otras ocultas. Como ejemplo, esta novela nos depara como sorpresa que los personajes tienen nombre, pero no apellido. Pero eso a partir de cierta fecha..., se trata de una novela futurista ¿Impensable?

El regodeo en las ciencias es el carácter tecnológico, el conocer la historia de la ciencia, qué piensan tus alter ego, el reconocer todo lo que se ha estado haciendo al respecto. Poner la obra en un contexto. Desguazarla y explicar sus porqués. Convertir al narrador en un integrante dentro de la historia, encontrar el lugar del autor dentro de la propia historia de la ciencia.

Entonces es como ligar: te ganas a la mejor amiga de la que te gusta, buscas la oficialidad de parecer que sois novios al incluir ciertas palabras en el lenguaje, al hablar con los amigos, al compartir espacios y que todos lo acepten de manera normal..., ligar es fácil, se trata de unos juegos que se pueden simular mediante un autómata libre de contexto: no exige equívocos ni complicaciones.
1. Vas a por la chica. 
2. Consolidas la apariencia de ser novios, y te regodeas. 
3. Si la chica te sigue el juego salta al 2 
4. Si la chica reacciona con brusquedad iniciar proceso de ignorarla y se espera a que sea ella la que inicie el paso 1.
El mecanismo de cortejo es muy simple y lo tienen todos los mamíferos. No es exclusivo del ser humano. La manera de regodearse, de consolidar la relación..., la literatura nos ha dado un arquetipo que ha ido mejorando: a medida que nos hacíamos más civilizados entendíamos la idea de enamorarse de una manera más elitista y compleja, puede que incluso machista, pero eso es algo que nosotros, como gente civilizada, debemos elegir cómo ser. Nosotros debemos construir nuestro futuro como nos veamos identificados.

A medida que pasaban los años, al final he encontrado mi nicho literario, pero no mi mecenas. Aún la sociedad no ha querido aceptar mi obra, así que sigo exponiéndola..., pero el regodeo, la consolidación, la propia consagración y reconocimiento de tecnologías, evaluación futura, etc..., eso existe en la novela. Si no, no tendría unas seiscientas páginas, no estaría dividida en macrosecciones, en cuatro libros, los personajes no tendrían su propia visión del mundo, no habría tantas agendas...


Pero poco a poco me pasará como le pasó al protagonista de Aviones, aunque sea en la recta final, habrá que meter historia tecnológica, no conformarse con resolver lo que nadie ha podido, sino que además hay que añadir el encanto de colocarme dentro del sistema. La misantropía es para los que ya tienen los premios, no para los que van directos al arrollo.

En cualquier caso, hoy no lo haré..., mejor mañana.




Quiero vuestros comentarios
da igual si suenan estúpidos
no pienso juzgaros...
en público












sábado, 26 de noviembre de 2016

Por qué Luces y Espectros

Hoy me he enterado:
ha muerto Fidel Castro
un viernes negro
con una estadística 
de logros sociales
que quita el hipo

Las malas lenguas hablan de que la amaestraron. ¡Asumidlo! De haber sido un dictador habría impuesto el hacerse santo.
Nunca en la historia un político ha sido capaz de hacer tantos cambios sociales como los hizo Fidel Castro. La cosa es que la prensa ha pretendido convertirlo en un monstruo, pero la diferencia entre las pretensiones y los logros está en los HECHOS. Como lo ocurrido con ciertos políticos españoles: los rumores y las malas lenguas no ayudan a clarificar, sino que sólo sirven para adoctrinar.

Cuando una persona está completamente segura de que ve lo que ve, y que piensa en lo que piensa, es costumbre magnificar las pocas pruebas de las que disponga, se aferra a testimonios cuestionables y se le olvida las constantes manipulaciones intencionadas que suele haber detrás de una guerra..., ahora bien, por encima de todas las cosas, hay una cosa que siempre me gustó de Fidel Castro: hacía largas declaraciones, no se escondía; y su gente le aclamaba en Libertad.


La novela Luces y Espectros pretende recordarnos lo fácil que es crearnos una figura que no existe a partir de la idea que tenemos de lo que es real. Paradógicamente, en un mundo donde esperamos tener una idea de la existencia de espíritus, alienígenas, viajes en el tiempo, conspiraciones..., cuando la realidad que percibimos se muestra infantilizada nos vemos obligados a intentar dilucidar los espectros que nos permite contemplar nuestro punto de vista.

Llámalos espectros, ídolos, arcontes..., muestras que no existen porque no las ves, pero tienes evidencias que algo hay. Y los tienes que nombrar de alguna manera. Es entonces cuando la gente actúa inconscientemente con una naturalidad que está muy por encima de ellos: normas no escritas que someten a poblaciones enteras.

En el caso de Cuba no fue así: la gente quería ese cambio. Quiere ver elevada la esperanza de vida, quiere una educación superior gratuita, quiere discutir en las asambleas los asuntos políticos de Cuba..., y eso son sólo algunos de los grandes logros que incluso muchos cubanos desconocen que tienen y les convierten en la envidia de todo el planeta.


Tras ese viernes negro digo que algún día los países aprenderán a consumir como lo hace La India o Cuba, y algún día se descubrirá que la renta básica familiar (calculada prácticamente en especias) que tiene Cuba es lo que provoca que los propios cubanos incentiven su modelo más liberal, más mercantil: porque se despreocupan del hambre.

El ser humano no ha nacido para consumir de más, sino para hacerlo de menos - y estará más sano. En un mundo tan superpoblado conviene recordar lo estúpido que suena consumir en nuestra contra y en contra de todos. La estadística más ilusionante, por tanto, es la que dice que en Cuba ningún niño pasa hambre, a lo que apuntillo: en España eso NO OCURRE, en España los niños pueden quedarse días sin comer, y por un tiempo se desmayaban en clase..., en Cuba una escena así habría sido impensable. Espero que los voceros habituales tomen nota, porque para algunos por algo tan simple como ésto estaríamos dispuestos a matar.

La superioridad moral de Castro es que a él le reclaman
lo que no son capaces de reclamarle a los demás.
Y muchos murieron..., decían del Che, Cienfuegos..., los hay quienes miran con desdén a Castro: el uno por ser comunista, el otro por no serlo. Castro no quería que Cuba fuera comunista: Kennedy le obligó a serlo. Necesitaba un monstruo al que atacar mediáticamente: razón por la cual no quiso tenderle la mano, prefirió pretender convertir a Cuba en una extensión de Estados Unidos..., y lo más increible fue que se enfrentó incluso contra las decisiones de la URSS por mantener la soberanía de Cuba. Y la historia demostró que tenía razón. Lo que pasa es que todavía se sigue falseando las estadísticas, enmascarándolas..., haciendo cuentas extrañas. En ocasiones se miente descaradamente. En otras ocasiones, simplemente se olvidan de detalles escabrosamente importantes...

¿Que Cuba ejecutaba a los traidores? 
- Todos los países lo hacen. Quien diga lo contrario miente.
¿Que Cuba encarcelaba a los periodistas? 
- No me gustaría vivir en un país donde cierta casta 
se libre de rendir cuentas por lo que hace.
¿Que parece cuestionable que Fidel fuera reelegido democráticamente unánimemente?
- Tampoco ningún miembro del gabinete que lo votó 
o anónimo filtró jamás incidencia alguna.

Cuando tenemos a una persona a la que le imponemos una vara de medir muy por encima de todas las demás..., será por algo. La planificación económica para la eliminación de cribas y el compromiso internacional con los problemas globales es algo que, tarde o temprano, todos los países tendrán que asumir como propios. Tarde o temprano todos los países deberán globalizarse o internacionalizarse, así como asumir el rol que les corresponda ante la destrucción que genera el hiperconsumismo.






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miércoles, 20 de julio de 2016

Libertad de expresión. Los grados de responsabilidad

Hoy quería volver a tomar un tema tratado en la novela
y es sobre el compromiso con la gestión de la imagen,
la confidencialidad, las calumnias...
Y cómo no es lo mismo decir las cosas en un bar que en un periódico.

Lo están amenazando, pero no lo deis por muerto por hablar
Queremos y debemos de ser libres de opinar y expresar todo lo que creamos oportuno. Es un principio básico para asegurarnos de que quienes nos representan tengan en su jerga los asuntos que consideramos de interés; para que rindan cuentas por lo que hacen o dejan de hacer. Se trata también de un mecanismo que tenemos para liberarnos, para evitar el reprimirse y decir lo que sentimos y pensamos en un lugar donde nos sintamos cómodos al hacerlo. Esto es, por otro lado, la libertad de expresión es también una manera que tenemos de evitar males mayores productos de represiones internas que acabaríamos por proyectar hacia los que más sufren.



A la hora de la verdad, no puede ser cierto que todo lo que digamos valga lo mismo sin importar a quién ni en dónde se divulga. Desde aquí, aprovechando que soy autor y este es mi blog, aprovecharé para demostrar que no hay tabla rasa al respecto: existen unos límites que me parecen importantes de señalar. Pero antes de nada, quisiera enmarcar y ensalzar unos cuantos aspectos peculiares:


¿Son importantes para nosotros las tumbas y sus muertos?

Pues sí, esa es la pregunta. Parece sencillo, ¿verdad? Para poder definirnos con respecto a la Libertad de Expresión antes debemos comprender si realmente nos importan nuestros seres queridos o no. Dicho de otra manera, ¿se puede uno cagar en los muertos pero figuradamente? La cosa es que, si está muerto, que sea figurado o no francamente sólo adquiere dos únicos matices:

1) Que la profanación sí atenta contra el poder de su dios para proteger el alma del fallecido. O al menos la inversión en el inmueble fijo de la honorabilidad de la familia convertida en una tumba bien limpia.

2) Que lo figurado pueda considerarse un acto perverso, aunque simple, y por tanto no tan elaborado y rebuscadamente hurgante como la profanación misma.

En un capítulo de mi libro hago mención de las dificultades que tienen unos personajes para revivir un muerto debido al estado de putrefacción en el que se encontraba..., pero no creo que estas diatribas afecten a la ética. Lo que afecta a la ética es lo cotidiano. 

Por tanto, sí que pienso que existen expresiones que deben ser debidamente condenadas, como ocurre con la profanación de cadáveres, hasta que se modernice nuestro código penal para empezar a ignorar las tumbas. Al menos parece que la expresión, en la medida en la que se pueda convertir en un acto tan complejo como una profanación, no sería desmesurado pensar que esté aproximadamente igual de tipificado (puesto que los motivos de reinserción los veo los mismos).


¿A vosotros os importa también una mierda los niños y el futuro?

Pues sí, debe ser eso. Estoy convencido. Cada vez que se difunde una barbaridad delante de una persona, algo queda. Supongo que si se hace delante de un niño eso ya no cuenta. Los niños siempre estorban. Ya es difícil su educación, pero si encima tenemos que pensar que educarlos es preocuparse de lo que interpretan del mundo que les rodea, entonces suena cuanto menos curioso que en estos debates pasen desapercibidos ¿Acaso no debe ser motivo de especial agravio que lo dicho con mala fe se haga en presencia de menores? 

Al menos, hasta que los niños no reciban el mismo tipo de condena que un adulto, cabe esperar que lo dicho ante ellos se mida con una especial vara de medir. Algún día, algunos de ellos, serán nuestros jueces..., no lo olviden.


¿Para QUÉ CO*O necesito un periódico cuando puedo preguntarle a mi perro?

¡Qué bonita la lectura! Nos intentaban hacer creer en "La bola de Cristal"..., ¡Muérete Carbonell y vete con Pedro! (no se preocupen, es mero humor negro, y las bromas nunca duelen, como más adelante aclararé) ¿Por qué la gente insiste en que seamos cultos? O en que vayamos informados por la vida ¿Realmente nos interesa leer lo que opinaba un señor nacido en el siglo menos tres sobre nosequé de las cavernas, las sombras y los títeres? ¡Y qué me dicen de los periódicos! 

El asunto es que se nos olvida de que hay dos tipos de medios: están los que tienen cierto carácter ficticio o subjetivo (mi blog) y los que tienen cierto carácter científico o controlado (un periódico).

Esto último aparece en los primeros capítulos de la novela Luces y Espectros, y le corresponde justo con el pensamiento de lo que me ha dado por bautizar excepticismo..., y es que cuando leemos tenemos la responsabilidad de reconocer la naturaleza de la información..., que ya no somos críos, no podemos ni creernos ni dejarnos de creer nada.

De lo que se deduce que no es lo mismo publicar una opinión en un medio controlado que en un medio no controlado. Esto mismo queda reconocido por la ley orgánica de protección de datos en España y, dicho sea de paso, es una de los fundamentos más importantes que afectan al derecho, que consiste en el deber de vigilancia. Este deber se contradice en igualdad con la presunción de inocencia, hasta el punto de anularla cuando los procesos de control de la expresión tipificable no sean desmedidos.

Aún así, se ha visto usuarios que no son capaces de distinguir lo que es molesto de lo que es calumnioso. Y claro, como ocurre con todo, la censura no debe ser considerada delito cuando cada cual en su terreno tiene derecho a ambientar las relaciones como considere oportuno..., y si se pasa de listo, puede que su medio ambiente mengüe, aunque eso no sería un problema que vaya por lo penal.

Distinto de la censura es la manipulación expresa..., que por desgracia se ve en la cúpula de algún partido político. Y debería de ser penado para que sujetos así jamás pisen el poder.



Todos somos unos niños, todos hacemos gracia..., si es por reir no hay dolo..., ¿verdad?

¡Menudos atajo de infantiles que no han crecido en su puñetera vida! Si me los encuentro por la calle me parecerán meros adornos para el intelecto, pero el problema es que pretenden influenciar sobre la conducta de la gente con sus estupideces a lo Peter Pan. Pues bien, más allá del síndrome que pueda tener yo, ¡sobrepasarlo es de psiquiátrico! 

¿Pero cómo puede decir del humor
la gente muy mayor 
que no hace daño? 
Lo hará hoy, mañana y cada año

Así que, ya sabe...,
sea usted insidioso
que, si lo dice en verso,
sonará hermoso.


Bueno..., quería hacer una entrada pequeña y me ha salido ésto..., lo que pretendía decir es que a los familiares directos de víctimas de agresiones por ideología o crimen organizado les afecta lo mismo que si hubieran sido víctimas directas de agresiones o vejaciones y, por tanto, les afecta el tener que revivir el momento de dolor, además de que hacer bromas ante terceras personas podría fomentar en ellos la reiteración del acto en sí. Esto tan larguito de contar, desde mi punto de vista, es tan Fundamental como imposible que no se entienda..., pero volveré sobre el tema..., como hago siempre.

Y, por otro lado, señor mío, responsable de su periódico, ¿se cree Vd. tan capacitado en ética periodística como el usuario de un blog? ¿No tiene línea editorial? Ya he visto que en algunas publicaciones no existe..., así que, ¿para qué leer sus contrastes cuando otros sí incorporan una línea editorial y se dedican a leer la prensa? Que aprendan a consagrarse en su oficio..., o lo harán otros por ellos.








Bueno..., suficiente hasta aquí
quiero vuestros comentarios
Siempre interesa antes la voz discrepante
que el silencio de quien te otorga la razón










viernes, 3 de junio de 2016

Los que se hacen llamar realistas

El peligro de la realidad que vivimos
se sostiene por equilibrios ecológicos
estos equilibrios pueden romperse, como las relaciones sociales
y entonces aquello que hasta ahora siempre había sido normal
ahora dejaría de serlo.


La realidad es susceptible de ser reconfigurada si disponemos de la voluntad necesaria para construir la máquina que nos ayude a hacerlo. Se trata de un principio rector muy sencillo: si sabes dónde están los muros, entonces sólo tienes que vadearlos. Sin embargo, construida la máquina, siempre habrá otra forma de leerla, una manera autodenominada realista: que el hombre no puede volar, que lo hacen los aviones..., que el hombre no puede hacer túneles en pocos días, que lo hacen las taladradoras..., que el hombre no puede hacer millones de cálculos en un segundo, que lo hacen las máquinas...

Es curioso cómo los autores pierden la autoría con tanta facilidad. Como aquel que dice que ciertos asesinos no matan, sino que lo hicieron sus armas. El argumento contrario también puede ser usado por algunos falsos profetas, defensores de lo futil, ¡cómo les gusta esos juguetitos! Necesitan poder sentirse defendidos por sí mismos..., con un arma de fuego. Así como hacer prácticas de puntería, para recrearse con la idea. Esta gente reincide en lo importante que son las personas..., y lo divertido que es apuntarles con un arma. Muy divertido...


Cuando disponemos del armamento necesario como para manejarnos con plena libertad, más nos vale usarlo como herramienta para poder construir un mundo mejor; sin embargo, ¿es posible la construcción de algo mejor sin que afecte a la realidad que vivimos?

Hace años vi una película que me inspiró bastante. No recuerdo el título. Era de un niño que se obsesionó con la idea de que podría abrir cualquier caja fuerte; entonces el objetivo era superar cualquier barrera, y el objetivo era la barrera, por supuesto, no el contenido de la caja ¿Puede nadie estar seguro de cuál es el rostro de la obsesión? ¿Qué podría significar convertirse en otra persona? ¿En qué podría convertirse quien tiene por objeto hacer una mejora?


Cuando una persona tiene por criterio automatizar su propia ética lo que está llevando a cabo es un proceso abandono de la consciencia de este plano a otro diferente. A esta actuación los filósofos lo han llamado de muchas maneras: a la técnica en sí la llamaban meditación (hacer sin pensar), aunque más modernamente se le ha estado llamando egoísmo puro.

He querido retomar esta disciplina buscándola por Internet, pero no he tenido demasiada suerte. Es como si se hubiera prohibido, como si la hubieran relegado al olvido. 

La ética divina malentendida fomenta la soledad
Aquello que llaman egoísmo puro, y que es un concepto independiente del altruismo o del egoísmo personales, consiste en reconocer los preceptos morales que han sido aceptados y aplicarlos sin pensar; para darles la máxima coherencia. Lo que Gódel llamaría una omega-unificación: lo que combinado con el resto de los axiomas matemáticos nos empuja a una paradoja si, además, pretendes abordar todos esos conocimientos.

No pretendas actuar de la manera correcta y, al mismo tiempo, que puedas explicar porque haces lo que haces. Para alcanzar este nivel de conocimiento, tan prohibido por todas las religiones sin excepción (salvo el budismo o incluso esa secta de los jedy, si lo consideramos religiones), antes se debe alcanzar lo que yo siempre he llamado el estado de la consagración.

Antes de ser hacker hay que ser activista. Si no, te haces un cracker.
La consagración es la consciencia del individuo dentro del mundo social donde vive. Esto es, lo primero que ha tenido que hacer es descubrir su vocación; su llamada a saber qué espera la sociedad de él o ella en este mundo. Tras desarrollar su vocación, debe reconocer la huella que deja y determinar cómo será la huella que va a dejar: su consagración consiste en defender dicha huella.

Para entender todo este proceso podemos hacer un símil con la música. Primero decides qué instrumento es el que te llama. Luego aprendes música tocándolo, siguiendo los patrones marcados por la partitura, dándole más importancia a las notas que a su conjunto. Después aprendes a componer, comprendiendo la esencia del conjunto para darle una filosofía ya sea moderada, alegre, solemne... Cuando se ha alcanzado el entendimiento de la esencia y el respeto de la música, entonces es cuando una persona puede determinar qué mensaje va a transmitir sus composiciones. Qué imagen va a quedarse en la mente de las personas cuando escuchen su música. Y es entonces cuando empieza el verdadero proceso: el de la consagración.


El proceso de consagración consiste en la depuración del mensaje a transmitir, de tal manera que cada vez que el actor actúe lo haga automáticamente coherente con esa manera de hacer. Es decir, lo que para muchos es estar, éste lo ha convertido en su forma de ser. Es por ello que los grandes rockeros necesitan, junto con su proceso creativo, una manera de vivir acorde con su música: es a lo que se le denomína el buen rollo.

No es ninguna coña: la clave del éxito de los buenos rockeros es el buen rollo, de ahí que constituyan una ética que trasciende a las religiones y su moralidad. Esta alquimia moralista es lo que en la novela Luces y Espectros asocio con los alquimistas en el videojuego. Sin ir más lejos, la idea de los alquimistas es un concepto de difícil desarrollo que, tal vez, explique mejor desde otro punto de vista.

En cualquier caso, como esta entrada me ha salido muy larga, ya iré retomando el tema para otro día. Sólo quisiera comentar que, efectivamente, los autodenominados realistas son incapaces de darse cuenta de que su consagración la han llevado a cabo antes que su compromiso ético y, por tanto, tienen una visión borrosa de lo que pueden esperar de la realidad. 








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