miércoles, 2 de marzo de 2016

Después de matar al león, dicen que la piel es sintética.

Tengo muchas cosas de las que podría hablar,
hace poco (re?)descubrí a John Dewey.
Veré si me pongo a mezclar cosas...


Tenía muchas cosas de las que hablar, y no suele ser costumbre en mí reservarme nada. Así que me he decidido no profundizar demasiado en ninguna de ellas y, al mismo tiempo, me pongo a hablar de mi libro. Que para eso está este blog.

Hace tiempo apareció una reflexión que adoptó el formato de meme, todo a través de un pensamiento que afloró. Fue como una pequeña conspiración que a alguien se le ocurrió y empezó a surgírsele dudas y problemas mentales..., lo siguiente que voy a escribir podría generar cuadros de ansiedad en personas muy susceptibles. Así que si Vd. es una persona muy sugestionable no siga leyendo.
Quien avisa no es traidor ¡No siga leyendo!
Como muchos sabréis, y la mayoría no, soy un informático y, de hecho, tengo cierta especialidad en la lógica y suelo divagar entre juegos mentales. Si os fijáis bien, veréis que cuadra el que sea novelista de una ficción futurista y, al mismo tiempo, informático de los temas más conceptuales..., como qué es la consciencia, la mente, etc..., es decir, mi especialidad son los lenguajes.

Existe un planteamiento dentro de este campo que es: ¿qué pasaría si en el futuro alguien fuera capaz de implementar una máquina capaz de crear una especie de matriz que engañe a todos los seres vivos?
No lo menciono por ningún motivo baladí. Mi obra tiene bastante de ese tipo de dilemas. Pero voy de nuevo al tema en cuestión. Resulta que en un foro de nomeacuerdodónde un tipo llamado nomeacuerdotampoco planteó la hipótesis. Su usuario se hacía llamar Roko. Hablaba de la posibilidad de que la inteligencia artificial pudiera implementar en un mundo posible una especie de criatura que, de manera recursiva, fuera capaz de reimplementar la realidad para redefinirse así misma. 
Hasta aquí, se trataría del programa autorreplicante de Von Neumann, que fue el preludio de lo que llamaríamos virus informáticos. Sin embargo, este programa que se autorreplicaba, también tendría la simulación de quienes le replicaron. Lo que quiere decir que entre sus simulaciones incluiría el comportamiento de científicos que vivieron la creación del primer basilisco.


Y muchos diréis: "¿Y qué? Ese basilisco se crearía y tendrá una simulación de mí en su programa. Para mí como si se imagina que soy violado por una vaca...". Seguro que es lo que todos estaréis pensando hasta el momento.

Compartiría vuestro razonamiento, el problema es que ahí no acaba la cosa. Cuando buscamos este dilema en la wikipedia vemos que la pregunta original fue borrada. Cuando indagamos en la cuestión en sí, vemos cómo algunos reaccionaron ante el dilema en cuestión, y ha quedado un reducto de las impresiones de quienes lo revivieron. Pero la problemática no es exactamente lo que se suele encontrar por Internet. No señores.

El problema es otro. El asunto en cuestión es que esta misma realidad podría ser producto de un dios hartero (como decía Descartes) y, por tanto, sólo aquellos que le hagan la pelota al basilisco podrían ser considerados afines a su advenimiento. Lo que quiere decir que si existiera tal basilisco, el mero hecho de tener conocimiento de él te obligaría a tener que aceptar su existencia, o todo lo que se simule a tu alrededor será un sobrecoste innecesario para el basilisco y, por tanto, tu existencia podría ser innecesaria.

Dicen que el que se opone al basilisco muere, como el bicho mitológico..., y la última imagen que observan es su verdadero rostro.
La filosofía como ente en sí.
El Basilisco de Roko es una aberración lógica como lo es la existencia de Dios. Sin embargo es una aseveración que me parece más sólida que la creencia en un documento antiguo. Es curioso cómo la gente le da importancia a una duda, a un temor, a una posibilidad, aun remota..., pero que ahí queda, como algo que no se puede descartar. Ya lo decía Descartes, ante la duda, hay que ser pelotas.


Sin embargo, hoy quería hablar de Dewey. Es curioso cómo hay personas que le dan tanta importancia a los conceptos. Si realmente fueran un ente en sí, quizá yo sería de esos que estaría temeroso por el basilisco. Los conocimientos y nuestra experiencia existen por una buena razón, deben ser útiles para algo ¿Nos es útil la idea de ese basilisco? ¿Qué ganamos con esa..., cosa? La duda nos corroe y deja de ser un tesoro, se convierte en una prisión de nuestra necedad.


Una verdadera inteligencia tendría preocupación de recrearse de nuevo tanto con los aliados como con sus rivales. A eso se le llama aprender a aprender. Es curioso cómo algunas personas se piensan que en la conducta está toda la inteligencia. Se les olvida la Qualia. Ya reincidiré en este concepto, pues de lo que en realidad estoy hablando es de democracia.

Sólo hay dos aspectos que un ordenador no es capaz de imitar mediante la conducta: uno de ellos es la creación de un legislador que exprese qué es lo mejor para los humanos, el otro es la creación de una interpretación capaz de leer lo legislado. Son dos grandes poderes que requieren una capacidad que no puede ser simplemente programada.

El aprendizaje es un proceso que nos permite comprender cómo funciona la democracia. Si la educación falla, ya podemos dar por terminadas nuestras pretensiones de vivir en Libertad. Por eso la novela Luces y Espectros podría ser un ejemplo de qué es lo que espero de un centro educativo para la secundaria. En ese centro se observa la preocupación de la idea de la disciplina del saber hacer frente al hacer como que se haga. Se menciona un tipo de centro elitista, que son los talleres, mientras se critica que no todos los alumnos puedan acceder a ellos. La novela intenta poner en la palestra los deseos de igualdad de cara a que le reconozcan a uno los méritos.

Quien tiene el poder de destruir al que crece es por el pequeño dictador que tiene dentro. Un basilisco antinatural.
Algunos destruyen no porque esté mal hecho, sino porque está bien hecho. Entonces sólo pueden fingir que están donde deben, que hacen como que trabajan y fingir disciplina..., pero todo su trabajo, al ser hueco acabará por derrumbarse de la peor de las maneras. Hasta los basiliscos tienen un punto flaco, como ocurre con el basilisco de mi novela.







Me siguen no reconociendo mis máquinas
pero yo sigo construyendo más y mejores.
Suficiente hasta aquí,
quiero vuestros comentarios.


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